domingo, 17 de junio de 2012

El valor de un artista


por Alicia Lasala


Tal vez el andar por la vida eligiendo gente sencilla me ha permitido conocer personas grandes, que han dejado huella en este sendero angosto pero rico, que camino siempre al borde. 
Tuve la suerte de conocerte en la facultad de bellas artes. Curse con vos en el año setenta y nueve, en tiempos difíciles, que no aguanté y me hicieron pegar la vuelta para volver en el ochenta y tres. 
Estaba en los grandes pasillos de esa casa de estudios donde el arte y la expresión te hacían sentir que otro mundo era posible al costado de las aulas de música, de fondo un piano que se esmeraba por arrancar la mejor de las melodías y apareciste vos de la nada y me saludaste con un abrazo como si nos hubiéramos visto el día anterior.
Esto no pasa siempre. Me acuerdo la alegría que me dio encontrarte. Me contaste que estabas tratando de que te dieran para trabajar el buffet de la facultad y que lo harían con Pepe, un amigo tuyo pero que necesitaban una tercera persona. Te conté que venia de trabajar en restaurante por temporadas enteras. Vos te entusiasmaste tanto que chocamos las manos y dijiste “listo ya somos socios, vieja”.
A partir de ahí andábamos siempre juntos con Eva, Pepe, Pinky, Graciela, imposible mencionar a todos porque donde vos andabas, convocabas. En el bar todo era fiesta, ya le habíamos perdido el respeto o el miedo a los dictadores y la música era el descanso entre las horas sin clase. Vos con Eva hacían un dúo que enfervorizaba a los compañeros. 
No ganamos más que para comer pero fue la mejor de las épocas.
Siempre te quise como al hermano varón que no tuve y fuiste mi amigo del alma, ocupaste un lugar que nunca se volvió a llenar porque tal vez a todos les quedaba grande. Vos y Pepe me ayudaron como nadie cuando me dieron la noticia de la enfermedad de mi viejo. 
Te valore en ese momento como persona primero, como un artista de los que hay pocos. Tu capacidad en el dibujo, en la pintura, grabados, cantando, componiendo, escribiendo, todo lo podías hacer y a todos conmovías.  
También te admirábamos por tu fuerza que sin duda afloraba en tu arte, por tu capacidad de lucha, tu pensamiento claro, decidido, la militancia incansable, el andar hablando con todos y explicando con paciencia lo que dolía que teníamos que cambiar. Una inteligencia atada a una sensibilidad fina y a la solidaridad con los otros por encima de todo. 
Que podía salir mal con todos estos condimentos.
Trabajaste en lo que encontraste, no importaba que fuera sacrificado como la construcción, limpiar trenes a la noche, en minoridad ayudando a los pibes. Salías destruido pero dejando un poco de esperanza y bondad  donde nadie reparaba que se podía rescatar lo que el sistema daba por perdido. 
Pero cuando te recibiste, eso si era para festejar. Era el cierre de una etapa que había requerido de mucha voluntad, constancia y claridad para llegar. Comiendo poco, salteado, cuando había, pero siempre con esa alegría que llenaba todos los espacios. 
Quien no te quería Mario. Quien no te recuerda. Mario amigo, maestro, entrañable.
Te volví a encontrar después de muchos años sin saber por donde andaría este tu espíritu inquieto, en esta herramienta moderna que se llama facebook. Viviendo en Neuquén, donde armaste una hermosa familia, trabajando como profesor, militando con las madres, siempre del lado de los laburantes y el arte como principio y fin.
Tus cuadros son una maravilla, tu pintura tiene la potencia de tu calidez humana, hablan por vos y por los otros y por todos los que no tienen voz.
Hace poco, me entero por ese mismo medio, que una parte de tu obra viajaba a África para una bienal en Dakar. Que orgullo, sentí como que la vida por fin había sido justa y daba la oportunidad a alguien que no bajó los brazos nunca y que sigue y sigue dando pelea, ayudando a crear, abriendo puntos de encuentro para otros artistas, trabajando para formar mejores personas.
Tus alumnos te escriben con el mismo cariño entrañable que podría hacerlo yo o todos los que te conocimos en aquella época. El mismo Mario siempre, solo que cada vez más grande y con el reconocimiento dentro de la comunidad que elegiste para vivir. 
Y hoy veo una de las pinturas “Nuestro Río, el Limay” que sale a cruzar los mares y el continente  y leo los mas de cien comentarios que te publican y me detengo en uno que me dio el impulso para que me pusiera a escribir sobre un artista que conocí y que dice: “Que orgullo para nosotros que seas vos el que muestre las hermosas postales de nuestra provincia, sos nuestro referente artístico neuquino”.

Dedicado a Mario Martinez artista plástico de la ciudad de Neuquén Integrante del ANAP (Asociación Neuquina de Artistas Plásticos)

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