miércoles, 27 de junio de 2012

Es mejor que sea hora


Por Virginia Amado


Mañana vos vas a recibir aquella carta.
   La que recorrió todas las habitaciones de mi casa pensando si sería conveniente enviarla.
   La que lleva concentradas las palabras de amor que nunca pude decir del todo, abreviadas por el sentido común.
   Las que tuvieron por eco tan sólo tu gran sonrisa buena.
   La que fue pensada y repensada  tantas veces.
   Vos te vas a levantar temprano como siempre.Vas a poner a calentar el agua para los mates que te acompañan cada día, desayuno en soledad.Los demás aún descansan.
   Vas a encender un cigarrillo y vas a tardar en abrir el sobre, con la letra pequeña y prolija que tanto conocés.
   Te pondrás a imaginar cuál será el destino de esa correspondencia no bien la termines de leer.
   Y vas a temer lo que sentirás al terminar de leerla.
   Aventurarás un contenido que inconcientemente conocés.
   Quizás interrumpirás por unos instantes la lectura de "Remedio para melancólicos "con que Ray Bradbury nos deleitaba, hablando sutilmente de plenilunios para curar con el infalible método del amor..." silencio y luna"
   El amor, ese que nos llegó tarde porque tenés una vida armada.
   Porque sos un hombre responsable y criterioso, tan admirablemente correcto,con tanta estructura sólidamente edificada como para desestimar cualquier posibilidad de sentir lo indebido.
   Te azotará el recuerdo de aquella canción : "Es hora"..una al pasar entre tantas que nos gustaban.
   Pensarás en mi cara y en mi mirada , en esa comunicación que no necesitaba de palabras y nos asombraba.
   En la mágica coincidencia de pensar a la par, exactamente lo mismo.
   Vendrá a tu mente la frase aquella de..."quizás en otra vida", que te hará sonreír enjugando una lágrima que no llegará hasta tus ojos porque se quedó a mitad de camino.En la calle de los imposibles.
   Dudarás entre desentrañar lo que  dice el papel  o quedarte con el recuerdo .
   Escucharás el latido de un corazón acompasado como siempre, sólo por momentos con latidos aletargados o inquietantes.Vas a acallarlo como debe ser.
   Tus manos tan blancas van a temblar casi imperceptiblemente sobre la carta.
   Por hacer algo, te pondrás a escuchar aquella canción, la de otro tiempo.Acompañarás con leve tamborileo y con melodía interior la letra que nos había llegado a los dos....
   "Es hora que te cante una canción de inspiración, que tenga de tu aroma la arboleda y el color. Que brille como brilla tu esperanza en mi dolor.Que vuele como el ala de tu sexo redentor.Que sea de los dos,que espeje como el mar.Que sople con la brisa de tu risa sin edad.Que baile en el cristal su llovizna otoñal.Que tenga la humedad de tu boca y la lengua liberada del zorzal.Que alumbre cuando llegues y se apague si te vas.Es hora que te cante una canción sin soledad".
   Desde el equipo de música, la voz de Víctor Heredia te dirá con su nombre, que tal vez  sea hora de ir marchando a las tareas de la jornada, que es un día como tantos, que la profesión y la familia tan soñada constituyen la única realidad que existe.
   Vas a sentir que nada tiene importancia fuera de eso.
   Entonces vas a acercar el sobre con restos de mi perfume ,a la cocina que deja emanar el fuego que convertirá en cenizas la carta y la ilusión.
 

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