jueves, 28 de junio de 2012

Los caminantes nocturnos


por Nora Moreno

Comenzaba el Siglo XXI, era una noche de calor y nosotros dormíamos con la ventana abierta cuando sentí sus pasos por primera vez.  Era lunes, 4:30 de la mañana, la pareja se paro delante de nuestra  ventana a prender un cigarrillo, hablaban susurrando, Roberto se despertó y yo le pedí que no hablara. Estuvieron unos minutos y luego se fueron. 
Esto se repitió todas las noches hasta diciembre del 2010.
 A veces pasaba uno solo, se paraba al frente de nuestra ventana, prendía el cigarrillo y cuando lo terminaba se iba. 
Nunca nos asomamos a contemplarlos dejando que nuestra imaginación los personificara. Así a   veces eran dos jóvenes que trabajaban de noche y estaban volviendo a su casa.  Pero ahí se nos presentaban otros dilemas:
¿En donde trabajaban? ¿Serian enfermeros, médicos?  ¿Venían o iban al trabajo? ¿Cual seria el horario que cumplían?  ¿Por qué trabajaban tanto? 
A mi me gustaba imaginarlos estudiando toda la noche y regresando a sus hogares a esa hora, para poder conciliar el sueño antes que la luz les impidiera dormir.
Seguramente estudiaban alguna carrera muy complicada por eso tardaban tanto en recibirse o, la extendieron tanto porque no querían separarse
Roberto suponía que estaban de trampa y creo que esperaba que alguna noche alguien los sorprendiera justo en la ventana de casa. Pero nunca paso nada salvo el paso cansino de ellos, a veces una conversación en voz baja, la pausa para fumar el cigarrillo y sus pasos alejándose
La verdad es que era extraño que todos los días pasaran a las 4:30.
Actualmente me despierto y los espero pero después de un rato me vuelvo a dormir a veces un poco decepcionada y otras tejiendo alguna historia con final feliz.

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