por Nezka
No sé tu nombre, pero apenas arribo a la cuadra Pavón, frente al mercado chino se perfila tu figura. Desconozco tu nombre y tu edad. Yo te bauticé Oscar y deber tener 56, 60, 65 años, no sé; imposible calcular. Tu barba desprolija, tu sonrisa triste y tus ojos que parecen perdidos en otro lado, yo sé que no estás acá que sigues enraizado añorando tu provincia natal.
¿Por qué estás acá? ¿Qué te motivó venir? ¿La esperanza de un trabajo digno? ¿Te cansó tu precaria vivienda? ¿La lucha cotidiana para subsistir?
Un día cualquiera tomaste el tren que te llevaría a cumplir tus sueños; qué entusiasmo pero a medida que avanzabas comenzaron tus temores. Llegaste a Retiro, tu asombro te dejó atónito, ¡cuántas luces! Y la gente que te empujaba y no siquiera te miraba. Saliste a la calle, aturdido por el ruido de los vehículos, comenzaste a caminar, ¿hacia dónde? No lo sabías. ¿Cuál sería tu destino?
Hoy después de varios años sabes que tu casa es ese rinconcito que tienes debajo de la autopista, tus amigos son todos los que hiciste por tu carácter amigable y tu generosidad. ¿De qué vives? Del ofrecimiento continuo de brinda ayuda. Yo te conocí cuando cargada de bolsas me dijiste: “¿ayudo con los paquetes?”.
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