miércoles, 29 de agosto de 2012

Con sabor a alma



por Virginia Amado

Los recuerdos a menudo se tiñen de olores, de sabores, de momentos, de palabras....
Cuando se ha tenido una buena mamá, y una infancia que enternece, algunos aromas nunca se van del todo, y conmueven como aquellas cosas únicas que pareciera que quedan en el a d n.
   El olor de las salsas de los domingos, mientras el padre veía carreras de automóviles por televisión, y los tallarines enharinaban la mesa familiar, esperando el momento del mediodía, ha permanecido en el lugar de lo grato, de lo pequeño de la estatura, de lo tan grande.
   Nunca he vuelto a comer un estofado de papas , carne y batatas, tan exquisito como el de mis años de escuela .La carne se deshilaba de tanto hervir. Y el puré era muy sabroso. Regresar al mediodía y la espera con la comida caliente, era todo un acto de  cariño..
   Arte, ingenio, astucia, creatividad....saber arreglarse con lo que había , recortar recetas, armar e inventar la torta más exquisita: una arrollada rellena de dulce de membrillo, mi preferido, y que se cortaba en rodajas para acompañar el té o el mate en la plaza.
   Conocedora de nuestros gustos como nadie, quién si no ella, alma de la familia, nos miraba, nos mimaba a todos . Una de las maneras era ese modo particular de preparar alimentos, sin premura, con su secreto más entrañable: el amor. Y eso se percibe, pasando por los sentidos, pero sintiéndose en la huella peculiar de un tiempo.
   También la comida formaba parte de la organización . Cada día de la semana, tenía su menú , el que se exhibía anotado en la puerta de la heladera..Y no nos parecía estructurado, por el contrario, formaba parte de nuestra cotidianidad, de lo familiar y lo nuestro.
   Había un pastel de puré y atún, con aceitunas y huevo duro. Sin necesidad de cerrar los ojos veo las manos de mamá, con un repasador húmedo, enrollándolo, y ornamentándolo, para colocarlo en la mesa, y sentirse tan feliz de que nos agradara y se lo dijéramos. El amor retribuido.
   Olores, sabores, mezclas, texturas que puedo situar, acomodar, traer a la memoria, en forma de imágenes, de añoranza, de momentos precisos, de esos felices de infancia, cuando no se imagina que algún día eso no estará. Pequeños espacios de tiempo que más que paladar, tienen alma.

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