viernes, 10 de agosto de 2012

Pasos


Por Virginia Amado

Diste un paso. Un nuevo pasito y de valiente. El que tanto venimos esperando. El que deseamos para que vayas convirtiéndote en una personita más independiente. Nunca lo había pensado así.
   Esos pasos suelen venir de distintas maneras.  Las menos imaginadas. En diferentes momentos y circunstancias. Son de a poco, imperceptibles.
   Podemos darnos cuenta que un pantalón queda corto o un hijo no entra en la remera que le compramos hace un mes. Pero nadie puede advertir con precisión cuando alguien está creciendo por dentro. Señales vagas.
   Uno tuyo vino de noche. Envuelto en una campera con historia. De hombre, que te queda preciosa.
   Tuvo como marco un aeropuerto, gente con equipajes, ruido de turbinas....destellos en la noche helada de julio.
   Un corte estrenado de cabello que nos gusta y lo decimos ante tu agrado porque nos guste y que justificás diciendo que es mejor así, para que el viento que arremolina en el sur no te lo desacomode. Te da seguridad la devolución.
   Tenés los ojos más bonitos e increíblemente azules de la familia. Son como vos, genuinos y los abrís al mundo con curiosidad. Te llama la atención  lo nuevo, preguntás y estás aprendiendo. Me da íntima alegría eso.
   Se nota que vas creciendo. La valija y el morral, el lugar del documento....causalmente de la mano de la preocupación y la incipiente sorpresiva responsabilidad sobre tus pertenencias.
   Estás nervioso, pero querías hacerlo. Muy bien te ha sentado el cambio de colegio. Estás confiando en vos. Te estás valorando desde algunos logros personales.
   Sos un chico importante Mateo. En tu familia, entre tus amigos, en el deporte. Y están girando bien las manecitas del reloj que llevás en la muñeca.. No es común que uses reloj....pero los tiempos van cambiando.
   Tu mamá transmite una tranquilidad que no siente. Ha hecho lo imposible, como siempre, para complacerte una vez más. Creo que esta vez es distinto. Lo acabo de comprender mirándolos desde afuera a los cuatro. Ella sabe que puede hacerte bien, más allá de todo lo que te consiente comprende que te crecerá este alejamiento momentáneo. Lo manifiesta entre rezongos, recomendaciones y dramamines a raudales.
   Tu papá te observa mucho. Se ríe en la sonrisa que tiene lágrimas por dentro. Participa de este nuevo nacer que está quizás aconteciendo y que marca algo. Te abraza, te llama “papito” como si tuvieras tres años y te da algún que otro consejo. Los miro caminar juntos delante de nosotras ...y pasa toda una vida por ante mis ojos.
   Tu hermana, por momentos deja entrever algo maternal. Parece que han peleado todo el día. Sin embargo , es la primera que advierte tu miedo e inseguridad ante lo nuevo.-Pobrecito...está nervioso!!! Y saca a relucir  estrategias de vuelo, como mujer experimentada de mundo ante nuestra risa.
   Mientras aguardamos la hora del embarque, nos sentamos a una mesa en un colorido patio de comidas. En derredor, gente con sueño, con niños que lloran, parejas, una señora sola que nos observa y hasta un perrito que viajará  con su canil.  Distintas existencias.
   Ludmila ameniza con unos mates de encuentro.  El viajero está serio. El tiempo se aproxima en cuenta regresiva. Miro sus manos tan bonitas y tan blancas que nada tienen ya de niño pero que son las mismas que siguen y siguen jugando.
   Llega la hora y la despedida a cada uno de nosotros es especial.
   Te observamos pasando por el túnel y nos das la mirada y el agitar de brazo que marca uno de los senderos de crecer.
   Porque éste no es sólo un viajecito de vacaciones de invierno. Es una elección que ha hecho un amigo para compartir un tiempo diferente con vos. Y es la que hiciste al insistir hasta el cansancio para lograr un permiso.
   Hemos dejado de verte pero no de sentirte. Caminamos hacia el espacio exterior del aeroparque, junto a la reja que nos mostrará de cerca tu vuelo.
   Algunos aviones llegan...y de pronto el tuyo que parte.
   La sensación de ver acelerando y buscando pista de un avión en el que viaja un ser querido, sólo la conoce quien la ha vivido.
   Es emoción, es incertidumbre, es ruego y es la impotencia de sentirse muy pequeño.
   Mientras el vehículo aéreo pasaba ante nosotros y el rugir del motor cortaba por mitades la pista, experimentamos la alegría y el silencio nos unió cada uno en pensamientos iguales y diferentes.
    Nadie habló de miedos. Hicimos predicciones de horarios de llegada y giramos todos con la vista fija en ese pájaro de la noche que se empequeñecía a la vez que se internaba entre nubes.
 Cuando la nena dijo por dónde andaría ahora, no dijimos mucho. Se nos pintó la distancia y un océano. Pero regresamos a la felicidad de algo bueno para él, y para la familia ofreciéndoselo.
   Es noche serena. Ya te soltamos para ir a tu anhelado paseo que concretará otro sueño en tu vida de apenas dieciséis años.
   Un remontar en forma de días de disfrute, que es mucho más que eso: sigue siendo al modo adulto , la posibilidad necesaria de adquirir crecimiento y saberes.
   Que ya estaba viniendo poco a poco....y que seguirá entre idas y vueltas que ojalá podamos acompañar.
   Idas de transición a la adolescencia, juventud y madurez, y vueltas a la infancia que está ahí nomás, tan cerca y que queremos que te escolte y acune siempre.
   Ay Mateo, pensar que de a pequeños pasos se arma una persona y somos eso: la suma de cada cosa vivida.
   Este paso tembloroso pero firmemente deseado, te ha ayudado a ser más vos....hermoso chico de alma noble.
   Y nos ha ayudado a todos a mirarte un poco más. Y a quererte y contenerte aún más. 
   Siento que hoy nos regalaste algo lindo, como de demostrar que vas en la ruta. No aérea. De vida.
   

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