jueves, 20 de septiembre de 2012

Cuarenta años después…



por Ana María Carballo

Como a tantos otros esa ciudad ejerció en mí  una gran atracción, a veces pienso que se debe a que nací, en estas lejanas tierras,  el día en que la liberaron, durante la segunda Guerra Mundial, cuando entraron los aliados en agosto de 1944, con la colaboración de la resistencia. Sin duda fue un día glorioso donde se evito la destrucción de sus bellos puentes y monumentos. La alegría de la población se expresaba cantando su himno, bailando en las calles y repicando las campanas de la ciudad.
La visite por primera vez en abril del año 1968, poco tiempo antes del mayo francés, Me deslumbro, con su belleza, su historia y su bohemia, aun conservo una caricatura en carbonilla, realizada por algún artista callejero. Pude volver a ese lugar cuarenta y dos años después.Recorrimos cada uno de sus típicos lugares hasta el cansancio, ya no teníamos la fuerza y la agilidad de nuestra juventud, pero nos alentó la alegría y la emoción de poder volver.
Como antes me conmovió, uno de sus barrios, la colina que coronaba la zona norte de la ciudad, con la blanca Basílica en lo alto, Las escalinatas con la gente despreocupada, disfrutando del sol, las calles en cuesta, sus cafés, esas ventanas viejas adornadas con simples flores, esa libertad que se respira. Cuna del impresionismo, fue habitada por Toulouse Lautrec, Degas, Monet, Van Gogh. Quizás la vida me de otra oportunidad de volver y sin duda encontrare otros rincones con encanto para gozar.  


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