Aquí encontrarán vivencias, recuerdos y pasajes de la vida de un grupo de personas que, gustosas de las letras, juegan entre realidad y ficción
jueves, 27 de septiembre de 2012
El Quemao
por Nora Moreno
Nunca se supo de donde vino. Un día de Julio, cuando la nieve cubría al pueblo, a las siete de la mañana, el empleado nocturno de la estación de servicio lo encontró sentado debajo del playón de los tambores.
Cuando le preguntó que hacia allí dijo que había caído de la nube junto a la nieve. Don Benito lo miró, lo tocó y al comprobar que no estaba mojado, ni golpeado dedujo que era loco. Al llegar la policía se identificó como el “Quemao”, oriundo de “La Capi” transportado por las nubes y depositado en este pueblo con la nieve. Según sus declaraciones el viaje había sido esplendido, solo perdió su facón y “la Chirusa” que lo acompañaba.
“Varios facultativos” de la zona que lo revisaron, así consta en el informe policial, dijeron que no se comportaba como loco, solo un poco raro.
Paso a ser parte del paisaje, lo dejaron instalarse en el granero de la casa grande, le consiguieron ropa y todo el mundo colaboró en su alimentación, pero nadie se animó a darle trabajo.
Alguien comento que un diario de Buenos Aires comentaba que “en un duelo a cuchilladas en la Boca uno de los hombres había muerto y su contrincante había desaparecido dejando el facón en el cuerpo del occiso. La compañera del fugado estaba declarando en la comisaria de la zona.” Y eso había ocurrido el día antes de su aparición.
Al cabo de un mes, el casero de la mansión contó que había desaparecido, lo que alimentó la fantasía de la gente y durante quince días solo se habló del Quemao y de las aventuras a las que se estaba dedicando, luego fue siendo olvidado.
Llegó Setiembre, la primavera comenzó a llenar de flores las sierras y, una madrugada apareció el Quemao, vestido de compadrito y con un gran facón en la cintura, pero no estaba solo, lo acompañaban “la Chirusa”, una mujer muy voluptuosa que hizo volar la imaginación masculina y alteró a las mujeres y “el Fiero”, un perro flaco de mirada aviesa.
Se instalaron en el granero como si fuera de su propiedad y allí vivieron durante dos años.
En ese tiempo hubo algunos robos en los pueblos vecinos, pero nunca pudieron demostrar que era alguno de estos personajes.
También existieron peleas verbales, cuando algún señor miraba demasiado a la mujer. Esto se dio mas frecuentemente en verano, ya que ella lucia sus piernas bien torneadas cubriendo su cuerpo con un maillot diminuto bien ajustado y escotado. En esas ocasiones se lo vio al Quemao llevando la mano al facón.
Transcurrieron los años y pasó a ser una leyenda en el pueblo, por supuesto que la cantidad de anécdotas que aun se cuentan demuestran que es imposible que hayan ocurrido en dos años.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario