sábado, 1 de diciembre de 2012

Tucumán


por Nora Moreno

Y llegaron a Tucumán. Luego de dar una vuelta por el centro, sin bajarse del auto, se dirigieron a la dirección de la casa alquilada, que los alojaría durante los tres meses que pasarían en esa ciudad. Al día siguiente fueron a la escuela, que les habían recomendado, a dejar a la pequeña que iba a tercer grado. El horario era de 8 a 12  y de 13 a 17 hs. Como quedaba a solo dos cuadras podía volver a almorzar con sus padres.  El Papá se encargaba de llevarla y buscarla del colegio y a la tarde la Mamá lo acompañaba. La primera semana la dedicaron a reconocer la zona aprovechando los hermosos días de otoño. Así descubrieron la plaza con juegos que se convirtió en el lugar predilecto de la niña.
Antes del mes ya conocían la ciudad. Un día que andaban paseando por el centro, la nena que corría alegremente delante de sus padres, se detuvo ante una vivienda muy antigua. Cuando le preguntaron que hacía observando esa residencia, ella seriamente les respondió que hacia muchos años había vivido allí. La madre la miro asombrada mientras el padre le pidió que le contara como era la casa. La pequeña saco un cuaderno y dibujó un típico domicilio de principios del siglo XVIII.
Zaguán de acceso a la puerta vidriera de entrada a la sala, a la izquierda una puerta que daba al comedor y a la derecha una al salón de recibo. La puerta cancel de dos hojas, que se encontraba cerrada, era de roble macizo con una aldaba de bronce que tenía una cabeza de león tallada. La niña les conto que las paredes del zaguán tenían unos cisnes, tres de cada lado, correteando en un campo de tulipanes.
El padre se acercó a la puerta y llamó. Se abrió una hoja y salió una señora. Él le explicó lo que había ocurrido, le mostró el plano y le mencionó lo descripto por su hija con respecto al decorado de las paredes. En ese momento la pequeña dijo: -Los cisnes celestes con los tulipanes blancos quedan muy lindos, pero mejor quedaron los cisnes rosas con los tulipanes amarillos.
La mujer abrió la puerta y el sol iluminó la pared derecha donde unos cisnes celestes se paseaban entre tulipanes blancos. Los padres quedaron mudos, pero un grito escapó de sus gargantas, cuando al abrir la otra puerta se divisaron los cisnes rosas y los tulipanes amarillos.

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