por Nilda Gonzalez
Me encanta bucear en lo más profundo de mi mente, para sacar a flote aquellos recuerdos dormidos y convertirlos en literatura, es como liberarse, ya no son solos mis recuerdos, sino que a partir de ese momento, serán de todos aquellos que los lean.
No sé si es la naturaleza de la mujer, pero siempre he querido estar en todos los lugares de batalla, hoy me doy cuenta de que “todo es mucho” nadie en la vida es imprescindible, si ésta quiere que te imposibilites, todo será igual, mejor o peor pero seguirá.
Como aquella vez que tuve esa enfermedad tan rara, los días pasaban yo en cama, veía y notaba que si yo dejara de existir, la noche sería noche y el día sería día, las estaciones pasarían, los árboles volverían a brotar, la tierra húmeda de rocío haría estallar las semillas en primavera y el jardín se cubriría de flores multicolor, alegrando el paisaje.
A ti también te vi, triste, melancólico, pero fuerte realizando las tareas, ordenando la casa, preparando los niños para ir a la escuela, de cuando en cuando me mirabas y sonreías, esa sonrisa tan bella, de la que me enamoré un día.
El destino o Dios quiso que todo eso pasara, que hoy al traer el recuerdo, nuevamente a mi vida, me sienta distinta, más viva. Si no puedo hacer algo, lo dejo para el otro día. Lo que no quiero dejar de sentir es el abrazo de mis hijos cuando van a la escuela y de ver esa sonrisa tan bella de la que me enamoré un día.
No quiero olvidarme de que “todo es mucho” y que lo poco de cada día me hace tan feliz ¡Porque me devolvió la vida!
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