viernes, 6 de junio de 2014

Marginación social

por Stella Maris Gioia

Estaba  frente a un campito, y en la orilla de la vereda, pues la calle era de barro, se encontraba un niño, cuyo flequillo largo y un remolino pronunciado en su melena negra, resaltaba. 
En el fondo un campo desprolijo, con basura, y más allá casas de chapa que acompañaban al cuadro presentado.
Al lado de este niño se encontraban un grupo jugando con una pelota de trapo. Corrían y entre palabras y risas se diputaban la victoria del partido.
Muchos pensamientos corrieron por mi mente, ¿serán felices, tendrán una buena educación, tendrán una contención familiar correcta; que esto permitirá que puedan ser hombres de bien en el futuro; su área espiritual tendrán formación?
Cuanta limitación encontré en su entorno, cuanta falta de amor en sus ojos caídos. Y el niño que aun permanecía en la orilla de la vereda, se notaba tristeza, su mirada perdida, quien sabe dónde estaría su mente divagando. Más aun su necesidad, su soledad tan evidente, su falta de todo lo que permite a un ser humano para ser formado como hombre.
Y pensé cuanta marginación social, como notamos los polos opuestos en una sociedad que se mueve, buscando logros tecnológicos, avanza en la vida, que cuando creemos que estamos en la cima  es hora de partir, pues el tiempo se acaba.
Somos como el viento que pasa y no se puede detener, ya fue, ya no regresa, ya paso. Y de qué sirve tanto desarrollo de la ciencia,  si no tenemos para las mínimas cosas, para formar y auxiliar a un niño.
Esto es marginación social

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