por Celina Bertomeu
Una mañana de verano regando las flores, mi madre. El agua salpicando acá y allá, mojando sus alpargatas, sus piernas y la panza. Su inmensa panza de casi nueve meses con mi hermanita adentro, mi hermanita rubia. El agua arrancándonos gritos de alegría a mi madre y a mí. Mi hermana mayor sentada más allá en el césped con un libro de cuentos y un vaso de limonada. Mi madre yendo y viniendo con la regadera, rociando las plantas y mis piernas. Entre carcajadas. El sol intenso esa mañana en el jardín con mi madre y nosotras tres, mi hermana mayor, mi hermanita rubia y yo. Mi madre agachándose con dificultad y tomando en sus brazos a nuestro perro que se acercó atraído por las risas; y yo pidiéndole upa. Mi madre sentada a mi lado, ella el perrito y yo. Y mi hermanita rubia en su panza abultándola y mi hermana mayor abrazada a nosotras. Un revoltijo de hermanas y de madre de panza y de perro. Una ensalada de ternura, mi madre mis hermanas el perro y yo. Mientras tanto el verano haciendo su tarea, pasito a paso, inundándonos de olores a frutas, flores, pasto y sol. Una estampa de cariño. Mi madre con su panza ese verano.
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