por Stella Maris Gioia
Lucy se encontraba haciendo sus tareas escolares, en su casa. Llega su madre y muy preocupada le dice. ”Hija prepárate que te llevo a la casa de la abuela porque tengo que acompañar, esta noche, a una amiga que está enferma”
Bueno respondió Lucy.
Y partieron a la casa de su abuela materna, cuando llego, lo de siempre besos y dulces que la abu cocinaba siempre; ese día era una torta de chocolate.
Pero aquí comienza la noche que esta niña iba a pasar. Frente al domicilio de su abu, había una casa extraña. Con un jardín tupido a tal punto que hasta había una palmera con un tronco bastante grande.
En la ventana cuyas cortinas eran amarillentas y cortas, se dejaba ver una luz opaca que iluminaba el lugar. La fachada de la casa era en si oscura, sin luz en la galería, que cruzaba esa habitación.
Lucy se puso en el dormitorio de la abuela al frente y abrió apenas la ventana, que desde la cama le permitía ver la casa misteriosa.
Ella se dormito pues estaba cansada, pero a la madrugada despertó con ruidos raros que provenían de enfrente. Y se asomó y que pudo ver Lucy sobresaltada.
Un hombre se movía en forma misteriosa saliendo detrás de la palmera, y se asomaba para ver por la ventana. Se volvía a esconder y así sucesivamente hasta que otro hombre sale por la galería y se enfrenta con él.
Lucharon por unos minutos, luego en forma imprevista, el hombre que espiaba, saco un revolver y un disparo contra el dueño de casa.
Lucy estaba azorada, no podía respirar, porque hasta pensaba me va a escuchar, pero algo sucedió una patrulla invadió la calle y otra se asomó por la parte opuesta, quedando el hombre acorralado.
A la persona herida la llevo una ambulancia, porque dentro había una mujer, que evidentemente era el motivo de esta pelea, así fue el comentario de los vecinos, al día siguiente.
Lucy regreso a su casa y dijo por fin la paz.
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