martes, 9 de septiembre de 2014

De la libertad y sus demonios

por Alicia Lasala

Ando por la casa buscando un peine y me detengo frente al espejo del baño. Me cuesta reconocerme. Estoy con un cansancio de días y días de dormir mal, de soñar con historias que no entiendo. Aparecen en la noche personajes que desconozco. Por la mañana, intentando darle un sentido, se desvanecen como las flores blancas del jazmín de leche, que parece golpear en la ventana. 
Su aroma persiste y continua, me acompaña durante el resto del día.
Tratando de acorralar a mi inconsciente, para que me diga que es en realidad lo que me quiso decir enviándome tantos mensajes nuevos, se me pierden los relojes, no encuentro el momento adecuado para preparar la comida, tomar un baño o sentarme a descansar.
Cuando llega alguien, advierten que mi alma anda por un lado, mi cabeza por otro y mi cuerpo parece no recibir órdenes de ninguna de las dos. Sin embargo no estoy fuera de control.
De repente me preguntan - Te pasa algo-
-No, no- respondo inmediatamente sin dudarlo.
Pero insisten -¿estás segura? Vos estás rara-
Los miro y niego nuevamente apenas con un gesto ligero.
Casi como un en interrogatorio, se desliza ¿en qué estás pensando? 
Y entonces me sonrío dando un giro que me permite ver donde había dejado el peine.
Respondo de inmediato ¡Ahí está! El peine, eso es, el peine.
Mientras desenredo mi cabello suavemente, susurro que hay un solo lugar donde uno es completamente libre, un lugar donde nadie podrá entrar, lleno de secretos, imaginación, luz y oscuridad, ángeles y demonios. 
En mi mundo de pensamientos enredados está la libertad. Soy libre de volar, crear, nacer, morir, matar, aparecer, decir, callar, vestirme, desvestirme llenando mi cuerpo de colores, bailar, cantar, llorar, reír, dar vida, amar. 
En ese universo propio, íntimo, no hay límites, no hay puertas ni rejas. Solo cielos, vientos, mares, ríos y verde, mucho verde. 
Cuando entro ahí, vuelo invisible y etérea como una libélula. La sensación se torna irresistible.
Es difícil negarse y uno no puede más que relajarse y entregarse. 
Por eso no me preguntes en que estoy pensando porque ese es un rincón privilegiado que me reservo tan solo para mi.

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