por Nezka
Pensaba. Una pregunta me invadía, no sabia, ni se responder.
Si el HACEDOR de las maravillas de este mundo me hubiera dado a elegir que quería ser.
Enmudecí, cerré los ojos y desfilaron por mi mente tantas bellezas naturales que conocí desde pequeña.
Podría haber sido un enorme cacto que con sus brazos elevados al cielo, allá, en lo alto de la montaña, vigilaría la belleza y la inmensidad del territorio.
O quizá, ese rio de aguas cristalinas que presuroso baja de las cumbres nevadas, busca su lecho, juega, salta, se ramifica en infinitos brazos, hace nacer la vida. No se detiene, viaja y viaja, dejando a su paso verdor y frescura.
O ese enorme cóndor cóndor, altivo, majestuoso, temido y respetado, SEÑOR DE LA MONTAÑA .
O el monte que esta allá, lo ves? , donde el rio se esconde, cobijo de pájaros, alegría, colores, escondite de animales salvajes, paraíso de luciérnagas.
Pero no, pertenezco a la especie de “los hombres” El que modifica todo lo creado.
El le quita a los ríos sus cursos naturales, dándoles la dirección que a el más le conviene, quedando del antiguo torrente, un enorme pedregal, donde la flora y la fauna mueren.
Tala arboles hasta dejar solo, la nada, la tierra llora, los pájaros emigran, los colores y ruidos desaparecen.
Tampoco el cactus pudo seguir siendo el poderoso “vigía de la montaña”, porque ellas fueron derrumbadas para extraer de su seno el hermoso tesoro que nos vuelve inhumanos: EL ORO.
Pienso y te pregunto a ti , que como yo perteneces a la misma especie, ¿Qué hubieras elegido? ¿Puedes contestarme?
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