por Ana Pilar Andrade
Raro nó, secundario técnico, pues si. Eran otras épocas, eran otros años, mis padres inmigrantes, venían con la idea que las hijas mujeres no debían estudiar, solo haciendo las tareas del hogar.
Raro nó, secundario técnico, pues si. Eran otras épocas, eran otros años, mis padres inmigrantes, venían con la idea que las hijas mujeres no debían estudiar, solo haciendo las tareas del hogar.
Teniendo ya 18 años, había quedando huérfana de madre a los 14, una vecina que me quería mucho, ya que siempre me veía muy sola…primero me hizo socia de la Biblioteca de la Universidad así que soy bastante autodidacta, ella me dijo porque no estudias enfermera en la Cruz Roja (filial La Plata) hacía dos años que estaba en nuestra ciudad, le dije que no era mi vocación, en esos años no había enfermeras diplomadas, solo ahí en la Cruz Roja tres años teórico prácticos.
Solo que le dije – mi papá no quiere que estudie- yo voy a convencerlo me dijo ella, y si lo convenció, por eso mi secundario técnico.
Bueno así empecé, era todo nuevo para mi, primer año todo teórico, segundo y tercer año teórico practico.
Estando ya por terminar mi primer año uno de los profesores nos dijo a una compañera y a mí si queríamos a ir al Sanatorio La Plata donde el era médico y así que fuimos, era empezar nuestras prácticas, ya el primer día nos invito a presenciar una operación de apendicitis, nos pusimos el barbijo y el delantal, ¿como sería “nuestra primera “experiencia?,,, así que entramos a la sala de operaciones, lo primero que vimos, en la camilla un señor como recién vino al mundo, era la primera vez que veía a un hombre desnudo, luego le hicieron el campo operatorio con un desinfectante que se llamaba merthiolate, segundo paso ponerle la anestesia, ahí era solo anestesia local, tercer paso cubrieron con una especie de sábana, que dejaba a la vista solo la parte que debían hacer la incisión, el cuarto paso comenzaron la operación, parece que la anestesia no fue suficiente, así el señor se quejaba, le pusieron mas anestesia y comenzó la operación, cuando empezaron con el bisturí comenzó a salir sangre, ya allí ya mis ojos se empezaron a nublar, empezó todo a dar vueltas y ¡Plaf!, un hermoso desmayo.
Lo que pasó después no lo se … solo que reaccioné de mi desmayo , ya estaba afuera de la sala de operaciones, totalmente avergonzada, pero fue muy fuerte para mi, no pude aguantar, y esa fue, “mi primera experiencia”… podría seguir con mi estudio de enfermera,? ahora se los cuento…
Comencé segundo año, ya era teórico-práctico mis horas de estudio en la Cruz Roja, y mis prácticas en el Hospital Policlíco
empezamos clínica médica, nuestros primeros pininos, curaciones, inyecciones subcutáneas e intramusculares, hasta ahí todo bien, ya iba tomándole la mano a la profesión, después lo mas peliagudo para mi, no me animaba a poner inyecciones endovenosas, hasta que la Doctora Montaña que era Jefa de Sala de Clínica me dijo, escuche bien,,, estamos en un desierto, o en un bosque, hay una persona moribunda, depende de usted… es la única que puede salvarla, si le aplica esta inyección- piense una situación así, se salva o no se salva, no lo pensé dos veces y le aplique la inyección a la paciente.
Después hasta terminar el segundo año fueron muchas las inyecciones aplicadas por mi…
El tercer año era el último, siguió cirugía. Compartiendo el anfiteatro con los estudiantes de medicina, la esterilización
y las distintas especialidades, siendo ayudantes directas de los médicos, tareas que ahora hacen los estudiantes de medicina cuando comienzan con sus prácticas, y así comencé una carrera a la cual no tenía vocación, pero terminé con mi total dedicación, pero si hubiera podido elegir otra sería mi historia., aunque alcancé a comprobar que mi alma es de enfermera Cruz Roja y un poco Teresa de Calcuta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario