jueves, 28 de junio de 2012

Don Ata


por Nora Moreno

Los últimos años del secundario los realicé en la ciudad de Córdoba, allí hice nuevos amigos. Una de ellas me invito, varias veces, a pasar unos días en Cerro Colorado, lugar ubicado al norte a pocos kilómetros de la provincia de Santiago del Estero. El cerro está formado por bloques de arenas rojizas, en forma de aleros, con pinturas de los indígenas que poblaron ese lugar antes de la ocupación española. En una de esas visitas conocí a don Atahualpa Yupanqui.
Al atardecer cuando el sol hacia resaltar los colores rojizos, otorgando al paisaje una belleza especial, nos sentábamos en la galería a charlar y escuchar música.
Algunas tardes don Ata nos visitaba  y deleitaba con anécdotas. Era atrapante escucharlo contar parte de su vida acá y en Paris. Cuando  decidía cantar con esa voz tan profunda parecía que la naturaleza toda se paralizaba, los pájaros dejaban de trinar y los perros se echaban en el pasto observándolo  tocar la guitarra,  punteando con la zurda. 
Muchas veces en esos tres años tuve la alegría de compartir con él horas de cuentos y canciones 
Cada vez que escucho alguna de sus composiciones me transporto a aquellos años, siento el calor del sol poniente, vislumbro los rojos cambiantes del cerro, me veo junto a mis amigos rodeándolo  y hasta percibo el aroma de aquellos árboles y flores.

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