Por Mirtha Tavecchio
Hace muchos años , vivía en París, con mi esposo y mi pequeña hija.
Un día recibimos un sobre con una invitación a cenar en la casa de un médico compañero y colega de mi esposo en el hospital donde trabajaban. Había establecido una amistad con ese médico cirujano, cosa extraña yá que los franceses forman circulos muy cerrados en cierta clase social. El médico le contó que además era pintor , su padre era pintor y su abuelo era uno de los pintores más reconocidos y sus obras se exponian en el Louvre. Cuando mi esposo me dijo el apellido, quedé perpleja; se trataba del nieto de Eugenne Chigó, sus obras son del principio del siglo XX.
Esa tarde , como tantas otras había ido con mi pequeña al Louvre , vi sus obras ,Jardin fleuri, Le petit canal,Flandes; Village sous la neige, L¨étang aux cygnes y una copia de Bord de mar y Bord de riviére.
La reunión se realizaría de etiqueta, así rezaba la invitación.
Nos vestimos apropiados para la ocasión, y con nuestra pequeña hija, sin saber que los franceses no llevan a los niños por lo general.
Ni bien entramos a la casa , se parecia a esas mansiones de principio del siglo pasado, todo era magnificamente elegante.
-Pasemos a la sala- dijo el señor Chigó,, allí sobre las paredes estaban las pinturas de Eugenne Chigót," Bord de riviére animé" .Estuve gran parte del tiempo callada, mis ojos estaban fijos en aquella obra de arte , una gran emoción me conmovía estar en la mansión de Chigot y con sus pinturas.
Tomamos un aperitivo, y luego pasamos a la sala comedor con mi gran admiración por estar allí olvidé a mi hija, había quedado sola en el living, donde habia sobre la pequeña mesa copas y vasos con aperitivo y whisky.
De pronto , un ruido y llanto, era mi hija que después de tomar el resto de los aperitivos, sacar una planta de su maseta y desarmar el pesebre, trató de subir las escaleras, su estado de embriaguéz le permitio subir solo cuatro escalones. Corrimos todos a auxiliarle!!, luego, la senté sobre mi falda y comenzamos a saborear los ricos manjares que la empleada doméstica nos servía. Todo estuvo magnífico, menos el humor de la esposa de nuestro anfitrión ante tal desastre.
Pero ese recuerdo, me dejó la satisfacción de estar en la mansión del pintor Eugenne Chigó, y que ahora ocupaba su nieto, nuestro anfitrión.
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