jueves, 21 de junio de 2012

Una ocurrencia mía…


Por Irma Giménez


A los 9 años fue una ocurrencia mía abrir a puertita de un gran jaulón que había construido mi papá, en él habitaban, cabecitas negras, calandrias, cardenales, zorzales y algunos más que escapan a mi memoria, hasta una perdiz a la que todos los días se le cambiaba la tierra que tenía en un recipiente bastante grande de lata.
No quise provocar enojos ni hacer daño, tampoco fue una travesura, para mí fue un acto de justicia. Nadie en casa hasta ese momento se daba cuenta del sufrimiento que día a día, iba creciendo en mí, no soportaba ver el encierro al que habían sido condenados sin tener ninuna culpa.
Me sentí feliz. Mi alma se alivió cuando mi padre comprendió y aprobó mi acción no muy ortodoxa.

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