miércoles, 15 de agosto de 2012

Baila


por Pupi Martingano

Hijo del campeón de tu raza, llegaste a casa con sólo 36 días de vida, como regalo para mi hermano y yo.
Fuiste mimado desde el primer momento, cuidado como un miembro más de la familia, y vos  retribuías ese cariño con tu celosa y atenta protección hacia nosotros.
No te gustaba cuando YPF tocaba la alarma de incendio a las 14.45hs, aullabas con dolor y teníamos que multiplicar las caricias para calmarte. 
Fiel a tu estirpe, era algo espectacular verte en tres patas mostrar la presa y  traerle a papá  la perdiz en tu bocota, con tanta gracia, que parecía que no la hubieses tocado.
Como todos los días, te dejábamos corretear, pero esa mañana estabas hecho un despojo en el fondo de la casilla: logramos sacarte y al ver que no querías tomar agua ni comer, comenzamos a revisar si tenías algo en tu garganta, pero no era así, y te llevamos al veterinario. Allí nos enteramos que las vacunas antirrábicas no hicieron efecto por no seguir la cadena de frío… y a vos te dió rabia muda.
Mi querido “Baila”, fuiste tan bueno que hasta en la enfermedad manifestaste nobleza.
Nosotros y nuestros amigos, viajamos en el auto de mi papá a vacunarnos para prevenir el contagio como nos indicaron, durante 21 días…pero fueron muchos más los que te lloramos.
Los niños de ayer, adultos mayores de hoy, todavía te recordamos con ternura cuando nos encontramos cada año la gran familia de vecinos del barrio Oeste YPF. 


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