miércoles, 19 de septiembre de 2012

Cuento breve


por Irma Giménez

Aquí se verá como un malviviente consigue la confianza de sus futuras víctimas.

Analía como todas las mañanas muy temprano saca a su perro, antes de cruzar la calle siente un tirón y allá se fue “Tuky” con cadena y todo. Había un hombre parado al lado de una camioneta, en la vereda de enfrente. Tomó la cadena y muy amablemente le acercó a “Tuky”; Analía le agradeció el gesto.
Lo que no sabía Analía era que ese señor de aspecto tan respetable, en un bolsillo interior, tenía un silbato con el cual llamaba a los perros y al devolvérselos a sus dueños trataba de congratularse con ellos.
Era un asaltante y su “modus operandi”, esa mañana, no resultó. ¿Fue porque Analía es una mujer muy atractiva? ¿O no le dio tiempo para su maniobra al continuar ella rápidamente el paseo?
Con una sonrisa apenas perceptible subió a su camioneta sin rumbo fijo. Partió hacia otro sector, buscando que algún incauto cayera y lograr sus propósitos.

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