miércoles, 19 de septiembre de 2012

Travesura de Andrea (4 años)


por Irma Giménez

Donde hay un niño siempre está la anécdota. Hoy vienen a mi memoria estos recuerdos cuando Andrea era una niña pequeña.
Esa tarde mamá barría la vereda, el árbol “Paraíso” frondoso, que nos brindaba una sombra fresca; la disfrutábamos toda la familia, a la tarde cada uno con su banco o silla, se acomodaba a su alrededor, y así comentando lo sucedido recientemente, se iban desgranando las horas sin darnos cuenta. Como decía al principio: mamá barría la vereda, pues ya comenzaban a caerse las hojas amarillentas del “Paraíso”; la nena se puso a decir, yo abuela, yo abuela yo, mamá le dio la escoba, demás está decir que la escoba era más grande que ella y para sus 4 años le resultaba pesada, por eso su esfuerzo nos hacía sonreír.
Una señora de paso por el lugar cuando estuvo delante nuestro dijo “buenas tardes” que tarde especial, inmejorable para estar bajo la sombra de este árbol, no sé que más nos diría la señora, pues en ese momento mi hija trató de darle un escobazo, y muy enojada le recriminó: por la vereda limpia no tenías que pasar, o no se dio cuenta que la estaba barriendo.
No teníamos palabras para disculparnos, la señora comprendió la actitud de la nena. Saludó y siguió su camino.
Ahora mi misión consistió en hablar serenamente con Andrea y hacerle comprender que la vía pública es para todos, todos tenemos acceso a ella, aunque su cabecita era aún muy pequeña, se mostró razonable.

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