miércoles, 19 de septiembre de 2012

Equivocarse también hace divertir


por Virginia Amado

   Eran unos días diferentes para Maite. De los que sorprenden y dejan frío en los adentros, por la adaptación a las esperas de resultados, por lo inesperado, aquello impensado que hay que enfrentar.
   Donde la familia, los afectos, la fe, se resignifican , se está obligado a lentificar momentos, y a la vez que se estrenan miedos....se comparten suspiros de alivio que está muy bueno valorar.
   Ella venía descubriendo alguna fortaleza y saltando charcos , pero ese día era de los que gustan por ser únicos, propios, genuinos de celebración, entonces poner la pausa no fue difícil.
   Un cumpleaños no es de todos los días, y se convierte en gracia.
   Desde la medianoche los saludos y los llamados..por la tarde el timbre,los regalos, la casa poblada de gente, de charla y de risas. Los afectos especiales: esos que se llaman nietos.
   Pero la cosa empezó bien temprano.
   Cuando sonó el  teléfono con esa llamada de medianoche, la primera del 12 de septiembre, Maite corrió de prisa a atender. El feliz cumple que se oyó del otro lado, el cómo estás y pasalo lindo, la llenaron de regocijo anunciando un buen comienzo.
   Beatriz es una amiga querida y como tal había sido la primera en desearle felicidades.
   Maite le contó algunas cosas que Bea escuchaba con atención.
   Se despidieron con sonrisas en el alma, buenos deseos y la invitación a que pasara por la tarde a compartir algo rico.
   La respuesta de _ay, ay, si pudiera volaría! - no le causó extrañeza ya que aunque viven a diez minutos,Beatriz es una mujer sumamente ocupada ,seguramente estaría de guardia.
   Volvió a la cama con el recuerdo presente de esa amiga de infancia y colegio, infaltable en cada primavera.
   Fueron pocos pasos....y el pudor de haberse confundido le arrebató las mejillas.¿Cómo pudo equivocarse  así? La palabra “volaría” le dio la pauta...No era Beatriz, era Jani, la prima de San Rafael.
   Y Maite invitándola a venirse un rato, a degustar un pastel de cumpleaños.
   Al poco rato el llamado y las dos riendo juntas  de esa distracción que la caracteriza pero que la ha empezado a preocupar.
   ¿Cómo se puede estar tanto en las nubes como para no diferenciar voz y persona?
   Está haciéndose amiga de los olvidos ....pero no tanto....
   Lo gracioso es que tampoco Jani  había advertido que la estaba confundiendo.
   Ambas, pajaritos en la cabeza, “las dispersitas” como les llama su hermano  Gabriel, genios y figuras, comenzaron ese día con risas y confusiones propias de un tiempo de paso a paso en la escalera ascendente de cincuentear.
   

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