sábado, 29 de septiembre de 2012

La taza de té


 Por Ana María Carballo              

Soy una taza de té, una simple taza de té, y he decidido contar mi historia, soy blanca con algunos dibujitos por fuera, tengo ya algunos años y vivo con una familia, la familia López López, en una linda casa  con amplios ventanales y un gran jardín  Mi lugar es un mueble de la cocina, un poco alto para mi gusto, siempre temo caerme del estante, pero tengo muchos amigos: tazas, tacitas y hasta un mate. Son mis compañeros, mis confidentes 
La Señora de la familia, o sea la mamá me despierta muy temprano por la mañana, antes de las siete, en general es ella la que interrumpe mi sueño y me coloca apresurada en la mesa, sobre un mantel  junto con algunas de mis amigas, escucho sus pasos apresurados, de aquí para allá, preparando el desayuno despertando a sus hijos y conversando con su marido.
A veces el padre me elige  para su desayuno, me llena con un aromático café y un chorrito de leche, con dos cucharadas de azúcar, hasta allí todo bien, pero como el papá esta muy ocupado hablando por teléfono o consultando su computadora  el café se enfría, entonces me coloca en una máquina infernal que da vueltas y da calor, al ratito me saca y no saben ¡lo mareada y acalorada que estoy!
Otras veces me utilizan para el desayuno de uno de los niños, del más pequeño, que es distraído, me sacude me llena de azúcar y de cereal y siempre estoy por caerme cuando me lleva a la boca, termino toda sucia y al borde de la mesa.
Pero es peor cuando me toma para su desayuno Micaela, la niña de la familia siempre esta malhumorada: que las trenzas le ajustan, que no hizo los deberes , que quiere chocolate, que grita, y me mueve de tal forma ¡ qué siempre estoy a punto de estrellarme!
Cuando todos se van por la mañana, hay un gran silencio en la casa, aunque a veces me dejan en la pileta toda mojada, sin lavarme y con una gota de agua fría que cae sobre mí y me  molesta. Hasta que me lavan con abundante detergente y nos ubican otra vez en la alacena y comentamos con mis amigos las novedades.
Lucy “la pequeña” taza de café siempre me dice que soy muy fuerte, porque a pesar de los niños y la sirvienta, estoy entera sin romperme y sin rajaduras y ya tengo mis años.

A nuestro amigo el mate lo vemos de vez en cuando  porque siempre anda de un lado a otro en la casa, el se entera de todas las novedades, de las conversaciones de los dueños,¡hasta de las noticias de la mañana!
También debo contarles que tengo unas primas lejanas, unas tazas de té panzonas, de color rosado, apoyadas en un plato, con un fino dorado en el borde, acompañadas por una gorda tetera de nariz respingada a la que llaman Elizabeth, como son inglesas dicho nombre debe ser en honor a las reinas británicas, la verdad es que duermen casi todo el tiempo, las lavan con delicadeza y solo las usan cuando vienen visitas como las tías de la señora, algún cumpleaños o para ocasiones especiales. Son insoportables orgullosas, chismosas y despectivas. Ellas duermen en un fino mueble del comedor.
A veces las envidio, pero luego pienso, que  no tienen amigas, están por días y días  inmóviles, sin novedades o temas para conversar.

Días pasados escuche a la Señora que quería renovar las tazas del desayuno. Me sentí aterrada, ¿Qué futuro me esperaba? ¿Algún tacho de basura?
Pasaron los días y casi me olvide de lo que escuche, cuando un sábado por la mañana, la Señora. apareció con un gran paquete de un bazar, ¡Tazas nuevas! Qué nerviosa me puse, casi me arrojo del estante al ver lo que pasaba.
Luego que las tazas nuevas fueron lavadas, me sacaron del estante, me envolvieron groseramente con un papel de diario, me pusieron en una caja, junto a algunas de mis amigas y escuche a la Señora. decir a la empleada: “cuando venga mi mamá le das estas tazas para su casa”
¡Qué alivio! Mi destino era la casa de los abuelos Juan y María, simpáticos viejitos, que veía de vez en cuando.

Transcurrió  algún tiempo, en los que estuve envuelta en ese rustico  papel de diario, la verdad es que me entretuve resolviendo el crucigrama de una de sus páginas, pero una tarde… escuche un gran  alboroto, los chicos felices corriendo a los brazos de los abuelos, que recién habían llegado . Pasaron muchas horas, jugando con ellos, tomaron el té en las nuevas tazas con una torta muy rica hecha por la abuela y al atardecer emprendieron el regreso, ¡casi se olvidan de llevarme!, yo sufría, quería conocer mi nueva casa y no terminar en un oscuro mueble.
Los abuelos tomaron la caja con cuidado y en pocos minutos estuve en mi nuevo hogar.
Ansiosos por ver que había en la caja, desenvolvieron cuidadosamente cada envoltorio, mientras limpiaban un estante.
Allí me colocaron con algunas de mis amigas, los escuchaba hablar animadamente, ya casi anochecía, por la ventana observe al abuelo regar los malvones y las plantas de  su pequeño huerto, luego miraron las noticias por televisión, y como estaban un poco sordos el sonido era tan alto que yo también  pude  escucharlas .
Cuando llego la hora de la cena, María le pregunto  a Juan: ¿Y  si tomamos un café con leche con  un sándwich  de queso?¡Me parece muy bien contesto Juan! Así comencé mi historia en la casa de los abuelos.
Esa noche extrañe a mis amigos, a Don Hilario, el  mate, a las tacitas de café, a Lucy,  con los que cuchicheábamos casi hasta la madrugada.
A la mañana siguiente bien tempranito siento una mano que me toma, una mano algo temblorosa y me coloca en la mesa, era el abuelo, un rico olor a tostadas invadía la cocina.
Reinaba el silencio en la casa, el abuelo leía el diario, mientras desayunaba, al rato sentí los pasitos lentos de la abuela y ella también se dispuso a desayunar. Yo  extrañaba el bullicio de los niños por la mañana pero disfrutaba de la paz de la casa.
Por la tarde recibí una agradable sorpresa, la abuela María gustaba  tomar el té, pero le agradaba  el té en hebras .Recibía de una hija desde lejanos países envases de té que  provenían de Kenia, China y  Malasia. También desde Londres y Paris. Por la tarde se servia junto a su esposo una humeante taza de té, y allí  surgían charlas entre ellos referentes a paisajes, costumbres e  historias de dichos lugares.
 Pero esos relatos… son motivo de otro cuento.

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