por Nezca
Año 1932, Chilecito, una de las más importantes ciudades de La Rioja, era entonces una pequeña pero con un gran movimiento que le daba vida; las minas de oro de Famatina, trabajaban en la extracción de minerales los ingleses, quienes utilizaban el “cable carril” más importante de América, que aún existe, era el encargado de transportar el oro hasta la Estación de Ferrocarril.
Todos acudían al pueblo en busca de trabajo. Así fue como una jovencita de 16 años, niña aún, bajó de su pueblo entre las montañas, acompañada de su tía. Comenzó a trabajar como mucama, en el único hotel que existía.
A los pocos días se alojó un joven pionero de 36 años que venía de Buenos Aires con un desafío, iluminar la ciudad.
Allí se encontraron Rosa y Manuel, al mes siguiente estaban casados. Formaron una hermosa familia de la cual me siento orgullosa por ser una de sus hijas.
Pudo también instalar la primera usina, convirtiendo viejos faroles a kerosene en lamparitas eléctricas.
El sueño de ese encuentro inesperado, quizá en algún pasillo, duró 42 años. ¡Gracias por haberme dado la vida!
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