por Pupi Martingano
Uno de los personajes que recuerdo haber conocido fue Juan de Dios Filiberto. En uno de sus conciertos, con la orquesta que llevaba su nombre, se presentó en el Club Y.P.F.
Cuando había llegado a la tercera o cuarta pieza musical, yo, que estaba encantada (tenía trece años), sentada en la tercera fila junto a mis padres y hermano, le pedí “Malevaje” : mi mamá lo cantaba siempre en casa mientras hacíamos los quehaceres.
Él, viéndome como lo que yo era, una niña, y sorprendido por mi pedido, se bajó del escenario, vino a darme un beso y me preguntó el nombre; le respondí “Mabel”; subió al escenario y dijo: “para la dulce Mabelita, este tango”.
Luego, como mi tío era presidente del club, compartimos un ágape con él y sus músicos. Allí, Filiberto nos contó de sus comienzos, que fueron de grandes luchas y padecimientos económicos; recordó un día en que Azucena Maizani comentó al llegar a su casa “creí que estabas loco”, porque lo encontró ensayando música en la tabla de lavar, ante la falta de un piano. También expresó: “antes no podía comer bien por falta de dinero, ahora no me dejan los médicos comer lo que quiero”.
Entre los muchos otros recuerdos de esa época maravillosa en donde en el Club Y.P.F. vivíamos expresiones culturales asiduamente, no puedo dejar de mencionar al Principe Kallender, Aníbal Troilo, José Basso, Alfredo De Angelis, Osvaldo Pugliese, Sara Benitez, etc.
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