jueves, 20 de septiembre de 2012

Tango (1916 - Ciudad de Córdoba)


por Nora Moreno

Los alumnos de 5°año del Montserrat, querían aprender a bailar tango, danza prohibida en los sitios considerados decentes. Para los adolescentes lo vedado tiene un sabor especial.
Consultaron a los compañeros de 6° y así supieron que el mejor lugar era en los suburbios. El tranvía que funcionaba hasta las 24 hs, los dejaba a 10 cuadras y la milonga empezaba a las 9:30 de la noche.  Decidieron ir el primer sábado de Mayo. A sus padres les dijeron que había una  fiesta en casa de un compañero.
La cita era a las 9 en una parada céntrica del tranvía, el trayecto era largo, había que pasar todo el barrio de San Vicente, fácil media hora de viaje.
Por complicaciones de último momento solo tres acudieron, los mellizos y Juan. Estaban de traje con chaleco, camisa blanca, corbata, zapatos negros y por supuesto sombrero, un primor, listos para el club social pero no para ir al galpón donde se bailaba tango.
Cuando llegaron se dieron cuenta que no podían entrar vestidos de esa forma, así que resolvieron darse  vuelta el chaleco y sacarse la corbata, el problema era que no tenían pañuelos para el cuello. De todas maneras ingresaron al salón.
Quedaron impactados al ver a las chicas con sus zapatos rojos de tacón. La pollera ajustada, con un gran tajo que llegaba hasta el muslo dejaba ver la pierna izquierda enfundada en medias negras caladas, arriba tenían una blusa con gran escote y un pañuelito al cuello.
Ellas también observaban a los nuevos, tan jóvenes, se notaba que se habían escapado de su medio ambiente en busca de aventuras, pero estaban asustados.
Se acercaron a los chicos y los invitaron a danzar al compas del dos por cuatro, uno de los mellizos no se animó. Las chicas bailaban una pieza e inmediatamente otra ocupaba su lugar, los muchachos estaban encantados. 
A las 11:00, el que no bailaba dijo que se iba al centro y allí esperaría a su hermano para regresar juntos a su casa.
Lo convencieron de quedarse un rato más pero a las 11:30 los hermanos se retiraron y Juan siguió bailando con las chicas. Al rato comenzó a percibir que los hombres del salón lo miraban con encono y aunque trató no pudo dejar de preocuparse. A las 11:50 comunicó que se marchaba y salió corriendo. Sintió que lo seguían y al darse vuelta vio que cuatro corrían detrás de él.  Fueron las cuadras mas largas que había transitado y cuando faltaban pocos metros  para llegar a la parada el último tranvía se iba. Corrió más rápido y alcanzó a aferrarse del pasamano, pero en ese momento uno de los que lo seguían se agarró fuertemente de él. Trato de zafarse dándole un puntapié y casi lo logra cuando el muchacho le gritó: “Soy del Montserrat y no te estoy persiguiendo”
Cuando se tranquilizaron Luis le contó que el hacia un mes había sido recibido de la misma manera, pero consiguió la ropa adecuada para la ocasión y no habían vuelto a molestarlo. 
Desde entonces se hicieron muy amigos y habitués de la milonga. 
Aprendieron a bailar tan bien que llegaron a ganar un concurso provincial, lo que les ocasiono un disgusto con sus familias que no podían perdonarles que hubieran cambiado a las niñas decentes y el vals por las “percantas" y el tango.      

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