por Nezka
Altísimas montañas, majestuosos paisajes, serenidad plena; es allí donde te encuentras con Dios y contigo mismo y muy cerca tuyo, diría de tu mano, confundida entre tu piel, tu amiga inseparable: Soledad. La que no te deja y te obliga a dialogar con ella..
Allí en ese solitario paraíso, en la precordillera, vive Josefa, una prima. Cuando presiente que estamos en Chilecito viene a nuestra casa, pero nunca sola, su amiga inseparable la acompaña.
Si conversamos, antes de contestar entabla un diálogo en voz alta y después responde.
La última que vez que vino decidimos ir al centro las tres: ella, soledad y yo.
Al salir de casa le dije:
- Vamos primero al mercado y luego volvemos por el centro.
- Claro, ella manda: ¡Vamos al centro!
- Bueno vamos, a esta hora se pone muy concurrido.
- Aquella que viene allá seguro que es amiga, ahora se pone a charlar y no nos vamos más.
- ¡Oh! Pasó y no la saludó, menos mal, porque acá se cree Evita.
- Ya que estamos en el centro, que te parece si aprovechamos y compramos el regalo de cumpleaños para Lucía.
- Qué Lucía, ni Lucía, yo no pienso ir a mí no me invitó.
De pronto abrió la cartera y sacó un billete.
- ¿Y esto?
- Para el regalo, ¿o ya te arrepentiste?
Así actúa la soledad en aquellos hermosísimos arajes donde sólo te contesta tu yo interno, pero cuando te atreves a quebrar esa quietud y convivir con la gente ella no te deja ya, forma parte de tu vida, te maneja, te obliga, te acompaña. Es tu hermana soledad.
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