por Alicia Lasala
Cursaba el segundo año de la facultad en Bellas Artes. Yo venia del interior y fácilmente conformamos un grupo de cinco o seis compañeros que empezamos a andar siempre juntos. Si bien elegimos diferentes especialidades, teníamos la mayoría de las materias comunes.
Así fue que conocí a Fity, Diego, Carolina, al flaco Iglesias.
Fity era un personaje de esos que se encuentran una vez en la vida. Un niño en el cuerpo de un muchacho grande. Un artista genial, con un sentido del humor y una capacidad de imitación por su sentido de observación, inagotable.
Diego era tímido, callado, tenía una seguridad personal e ideológica que impactaba. Sobre todo por el momento que se vivía en el país. Año mil novecientos setenta y nueve. Hacía una tarea de militancia discreta y silenciosa.
Carolina era la típica hija rebelde, nacida en el seno de una familia de clase alta muy acomodada y cristiana, que vivía dándoles dolores de cabeza por su manera de entrarle a la vida, sin prejuicios, sin culpas y decidida a disfrutar de todo lo que le diera placer. Hay que decir que su belleza le facilitaba mucho las cosas y su brillo se veía potenciado por su sencillez y simpatía. Una sonrisa cómplice y pícara, iluminaba al resto.
El flaco Iglesias, era del interior pero con una realidad económica muy diferente a la mía y a la de Fity. Alquilaba un departamento con el hermano mayor y no pasaban privaciones ni angustias por falta de recursos.
Fity estaba impactado con el flaco porque vivía ansioso, siempre inseguro, nervioso. Entonces él, al quién nunca ví manifestar preocupación o pena, lo había convertido en el blanco de todas sus bromas.
Se querían pero el flaco creo que lo sufría. Como sabía que Fity era como un chico, descontaba que nada de lo que le hacía era producto de la maldad.
Llegó la fecha de entrega de la cátedra de Morfología. Tuvimos que preparar láminas sobre huesos y músculos del cuerpo humano y de animales. Para la parte de anatomía humana, utilizábamos libros de medicina y para los esqueletos de animales estuvimos yendo todo el año al Museo a dibujar. Además había que saber la parte teórica a la perfección.
El final era un lunes de diciembre a las nueve de la mañana.
El viernes a la tarde el flaco Iglesias, nos pidió desesperado que le prestáramos láminas para calcar, porque no llegaba de ninguna manera a la cantidad mínima exigida para rendir.
Fity se empezó a reír y le decía – Pero flaco, vos no tenés moral, como vas calcar en la facultad-
El flaco se trababa al hablar de nervioso y arrebatado y le decía – Si ya se, ya se que está mal pero tengo que aprobar sino mis viejos me matan-
Fity ya había decidido prestarle los dibujos pero lo hizo penar un rato largo. Le decía - Flaco, pero vos sos un pelotudo, te das cuenta que se pueden avivar y vamos todos en cana-
Después de intercambiar opiniones, acordaron que íbamos para la casa Diego, Fity y yo a la salida del taller y le llevábamos las láminas. Pero eso si, el Flaco nos tenia que invitar a comer. Nosotros comíamos siempre salteado.
Cuando llegamos estaba con el hermano, compartió un rato con nosotros y al salir le dijo: -flaco, no llevo llave, dejame abierto, me voy a comer algo con los pibes de abajo, vuelvo medio tarde-
Después de cenar, le dejamos las láminas y nos fuimos.
El flaco dijo –salgo con ustedes-
Empezamos a caminar y Fity nos hizo detener.
¿Qué pasa? Preguntamos con Diego.
Fity solamente se reía.
Cuando pudo vencer la tentación, nos dijo:
-¿Ustedes se dieron cuenta que en el departamento del flaco no hay nadie y está sin llave?
-¿Qué estás pensando? Dijimos casi a dúo con Diego.
-Tenemos que volver. El plan es el siguiente, se me acaba de ocurrir ahora. Es genial. Vamos, entramos y le robamos las láminas. Cuando llegue no las va a encontrar y se va a volver loco.
Estábamos tentados de la risa y le decíamos que no, que pobre, que era mucho. Pero nos convenció. Caminamos de vuelta las cuatro cuadras adelantadas.
Entramos en la oscuridad de la noche colados al edificio cuando alguien abrió la puerta.
Sin hacer ningún ruido, medio a oscuras tomamos las laminas y nos fuimos.
El trato entre nosotros era que le hacíamos la joda pero uno tenia que calcarle los trabajos.
Me ofrecí. Me levante a las seis de la mañana y a contraluz de la ventana de la pensión le hice los dibujos, con una línea suave que no fuera igual a la de ninguno de nosotros. Que se pareciera más a la del flaco.
Cuando llegué a la facultad estábamos todos esperando para rendir y el flaco no aparecía.
Fity se reía pensando que todavía debería estar buscando.
Desesperado lo vimos subir las escaleras, a los saltos hasta que se acercó a nosotros. Fity no le dió tiempo a nada. Le preguntó a quemarropas -¿Me trajiste las láminas? Ya empezaron a llamar, que estabas haciendo-
El flaco le dijo que cuando volvió a la casa, los dibujos no estaban, que había dado vuelta todo pero no los pudo encontrar y que finalmente llegó a pensar que los tenía él.
Fity lo agarró con las dos manos del cuello de la camisa y lo levantó en el aire. Le decía – te voy a matar, me perdiste las láminas, ahora vamos a desaprobar los dos, te voy a matar-
A esta altura ya todos estaban presenciando la tensión que se vivía entre ellos dos.
A Diego y a mi nos daba lástima que se alargara el reproche.
Finalmente, Fity lo soltó junto con una carcajada y le dijo que le habíamos hecho una broma.
Creo que el flaco Iglesias nunca más dejó el departamento sin llave, por más confianza que dijo tenerle a los vecinos.
Lo mas gracioso fue que cuando entre a rendir, los profesores elogiaron mi línea en los dibujos a lápiz. Yo había hecho más de cien láminas, me había esforzado muchìsimo. Y el adjunto, cuando pasaba las hojas deslizó: - Es cierto, es tan buena la línea y el dibujo, que parece calcado-
Todos aprobamos.
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