por Ana María Carballo
Las manos de mi abuela
reflejan su trabajo
Han acariciado a sus hijos
y despliegan cariño en sus nietos
Se agitan como alas
en la cocina.
Presurosas van de un lado a otro
Ocupándose del orden y de los sabores.
Se inclinan en el hueco de su delantal
y de ellas brotan hortalizas y flores.
Son el símbolo de la entrega,
del cuidado, de la amistad
y hasta de la cultura al desplegar el diario
o sostener un libro.
Sus dedos son largos y finos.
Cuando las acerca a sus ojos azules,
parecen dos gaviotas volando hacia el mar.
Sus venas semejan los duros caminos recorridos
Son ásperas en el trabajo y suaves en la caricia.
Simplemente en sus manos se refleja la vida.
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