por Lilian Rosedo
Vengo a confesarme
Bueno niña, cuéntame tus pecados
No se por donde empezar, estoy tan angustiada…
El Señor te de paz hija, comienza por donde tu quieras
Es que…el otro día fui a casa de mis tíos, a buscar a mi prima. Ella había salido con su madre y se encontraba mi tío solo. Me dijo q la esperara, q no podría tardar mucho, y me senté en el sillón del living a su lado a ver la tele. Estaban dando una película y me distraje tanto que no me di cuenta en qué momento mi tío se había aproximado tanto a mí y apoyaba su mano en mi pierna.
Vestías pantalones?
No padre, justo me había puesto pollera
Espero que no fuera muy corta, verdad?
Y bueno, sí, era corta, como la usamos las chicas ahora…
Ah si! La moda!… La moda hace que las mujeres olviden el recato, la guarda de los atributos q el señor les obsequió…
Le sigo contando padre. Mi tío me dijo q yo estaba más linda ahora q hace unos años, que tenía la piel suave. A pesar de q yo creo q debería estar húmeda, porque sentía calor, una sensación desagradable de temblor cuando su mano subía ya topando con la pollera.
Y qué hiciste? Te habrás levantado inmediatamente y te habrás ido, me imagino!
No podía padre, porque si bien estaba inmovilizada por la sorpresa, por esa sensación de un asco ardiente que me invadía, también es cierto q el brazo derecho de mi tío había rodeado mis hombros inmovilizándome con fuerza, mientras yo evitaba mirar el modo en q movía la boca mientras me hablaba, me repugnaba su tono resquebrajado y meloso. No tuve tiempo de pensar porque me apretó contra él reclinándome en el sillón y balbuceando palabras que no alcancé a comprender, mis nervios me colocaban en una situación de inmovilidad al tiempo que por dentro sentía que volaba fuera, muy lejos de ahí. Esta sensación se hizo más fuerte y aprovechando que él se distrajo en hacer no se qué, zafé de su peso agobiante y caldoso escurriéndome hacia el piso, me levanté con rapidez y salté hacia la puerta.
O sea que pudiste escapar
Si padre. Al fin la calle, donde casi corrí mientras me acomodaba la ropa y el pelo.
Te encontraste con alguien? Alguien pudo haberte visto?
Por suerte no me vio nadie, en casa tampoco estaba mamá porque había salido a hacer un mandado.
Me sentía traspirada, casi sucia, por eso me di una larga ducha y me cambié la ropa. Luego un gran cansancio se apoderó de mí… también… también tuve ganas de llorar. Por eso vine a la iglesia…
Hiciste bien. Este es el lugar donde debes meditar sobre tus acciones, para poder corregirlas. A veces no somos dueños de nosotros mismos, no somos concientes de que con nuestro comportamiento estamos provocando en los otros reacciones que podrían evitarse si tuviéramos más cuidado. La mujer es un tesoro que fue concebido para ser resguardado, no exhibido con prendas que resalten lo que el pudor manda esconder. Dios pone ante nosotros las tentaciones para probarnos, pero no debemos ser nosotros quienes pongamos a prueba a los demás. Está en ti hacer que cuando te vean, vean tu alma pura y no tus atributos físicos. Es tu actitud la que evitará que en lo sucesivo sucedan hechos como éste. Está en ti lograrlo.
Ve hija, que el Señor te acompañe.
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