por María Magdalena Lacentre
Llegué corriendo a la redacción del diario, ese día cumplía seis meses de trabajo y esperaba con ansias quedar efectiva.
Comencé a ordenar el escritorio para disponerme a escribir, cuando escuché la voz del director que desde su oficina me gritaba:
-María: urgente tenés que ir a Nordelta a cubrir la muerte de Teresita González.
¿ Queeee?,contesté sorprendida
Si, se suicido y la encontraron después de varios días, por una denuncia de los vecinos!, agregó el director.
Con resignación comencé a prepara mis elementos de trabajo cuando desde otro escritorio, Pérez me dice:
_Lleva la malla María y de paso tomas un poco de sol!
Tenía razón Pérez, era el medio día y hacía casi 40º de calor, pero el trabajo manda y sobre todo el de los que recién comienzan y mochila al hombro partí rápidamente hacia mi destino.
Una vez en el lugar y con la suerte de ser una de las primeras en llegar, logré entrar a la casa y pude estar en la escena del hecho. No sé si fue mi falta de experiencia pero lo que allí vi me dejó tremendamente impresionada: estaba el cuerpo de la mujer con los signos de un abandono total y de una muerte de varios días, pero a pesar de todo eso, desde él emanaba una luz especial que iluminaba su belleza.
Me sentía tan mal que decidí sentarme en un cantero de la mansión tratando de recomponerme, cuando lo conseguí, miré hacia el costado y vi a mi lado a un pordiosero, con sus ropas raídas y sucias, una larga barba, anteojos negros y un sombrero deformado.
Me devolvió la mirada y antes que yo modulara palabra me dijo:
Escucha chica: te contaré la historia de Teresita:
Hace unos años, no recuerdo bien en que ciudad, había una adolescente que anhelaba fervientemente ser hermosa, tener un cuerpo perfecto, dinero y poder. Tan intenso era su deseo que estaba dispuesta a conseguirlo a cualquier precio, así fue que cierto día y al encontrarse con un señor especial, que le proponía cumplir con todos sus pedidos a cambio de su alma, no dudó en entregarla.
Pasaron los años y esta niña se convirtió en una mujer hermosa y poderosa que despertaba admiración .Logró todo lo que había soñado, pero siempre se caracterizó por su dureza y frialdad.
Se casó con un gran empresario que le brindó lo que materialmente aspiraba, tuvo una hija y un hijo y a pesar de que los años pasaban, el tiempo no dejaba rastros en su cuerpo.
A su paso su figura producía una atracción especial, fruto de su belleza. Era conocida y envidiada en las sociedades más aristocráticas, pero todo esto no fue suficiente para que esta mujer fuera feliz
Su hijo, ya adolescente se apartó de su lado porque no soportó más los comentarios de sus amigos, que se sentían cautivados por esa mujer extraordinaria, la hija lo imitó al sentir que su madre no era su amparo sino su competencia y por último, su marido cansado de conllevar su vida con una mujer materialista , buscó otros rumbos.
Pobre mujer! Me animé a decir interrumpiendo el relato, a lo que el señor me contestó:
¿Por qué pobre? Acaso no logró todo lo que quería, ella eligió su destino.
A vos no te gustaría ser una famosa y reconocida periodista? Ganarías mucho dinero y serías tan poderosa que hasta los mismos mandatarios le temerían a tus comentarios.
En ese momento observé que todos los periodistas, fotógrafos y camarógrafos se acercaban nuevamente a la habitación donde estaba el cuerpo, me levanté rápidamente y corrí hacia el lugar, llegué en el preciso instante en que el oficial informaba el hallazgo de una nota escrita por la mujer y la leyó en voz alta para que todos la escucháramos, ella decía:
“Juan, chicos, perdónenme, no pude quererlos; no tenía alma. Pensé que el sentido de la vida estaba en lo material, pero la soledad me enseñó que sin amor nada tiene valor”
Quedamos impactados ante esa triste revelación, escrita por alguien que parecía que había logrado todo en la vida; terminamos de hacer la última toma y decidimos volver.
Presa de curiosidad giré mi vista hacia el lugar donde había estado con ese extraño hombre que me contó la historia, pero allí no había nadie; miré hacia los alrededores y no lo encontré.
Tratando de llegar pronto a la redacción para editar la nota como primicia, comencé a caminar apresuradamente hacia el móvil que estaba en las cercanías y al llegar a la esquina, casi llevo por delante a un señor alto, erguido, elegantemente vestido y con un perfume embriagador.
Al levantar la cabeza para excusarme, su mirada penetrante y su sonrisa me cautivaron, quedé paralizada y tartamudeando intenté pedir disculpas. Fue entonces que el hombre con una caballerosidad extrema las aceptó y extendió su mano para saludarme y al darle la mía me la besó haciéndome sentir una princesa y entonces me dijo:
Te he estado observando, realmente eres una excelente periodista, no mereces ser apenas una notera de un matutino; tu destino debe ser otro.
Soy dueño de una gran Editorial y me gustaría contarte entre mi grupo de periodistas, te propongo que trabajes para mí, ganarás mucho dinero y tus notas recorrerán el mundo.
Lo escuchaba embelesada, no sé qué atracción especial poseía ese hombre, estaba a punto de sucumbir ante su propuesta, cuando escucho a mi compañero que tocando bocina, desde el coche gritaba. – Dale vamos María! Que llegamos tarde!
Ese llamado me hizo reaccionar y sin saludar partí hacia el móvil. El camino de regreso fue extraño, las palabras de mis compañeros resonaban sin sentido en mis oídos y mi mente, obnubilada por aquella propuesta, soportaba la lucha entre mis dos yo: el de la mujer formada con valores verdaderos, probos y el de la joven periodista que se reprochaba haber perdido la oportunidad de ser exitosa.
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