jueves, 6 de diciembre de 2012

El espíritu de José


por María Magdalena Lacentre

Estela y José, transcurrieron sus vidas juntos; comenzaron siendo compañeros de la escuela primaria y compartiendo sus juegos como vecinos. Al llegar al secundario, se dieron cuenta que esa gran amistad  se había convertido en amor.
Así pasaron su adolescencia y ella no concebía andar por el mundo, sin ir tomada de la mano de su amado. Terminaron la secundaria y como era habitual en aquella época; José y Estela comenzaron a prepararse para el futuro: él estudiando en la universidad y ella confeccionando su ajuar para casarse.  
Se casaron, él corrió hacia su meta de gran profesional y ella quedó en casa, entregándose de cuerpo y alma a su marido y sus hijos, atreviéndose de tanto en tanto   en silencio, a soñar y sintiéndose cada vez más ahogada en esa” Jaula  de oro”
Así pasaron sus tiempos como una familia  “Casi” perfecta, digo Casi, porque José se fue poniendo día  a día cada vez más posesivo, autoritario y celoso, a tal punto que muy a menudo estando juntos en sus aposentos,  repetía:
El día que yo falte, en esta cama no dormirá otro hombre, porque de ser así yo voy a venir y te voy a tirar de las sábanas!
Estela tenía incorporada esa frase en su mente, pero sin darle mucha trascendencia, segura de que eso nunca ocurriría.
Cierto día, sin imaginarlo y sin creerlo, José partió hacia el cielo, así tempranamente como todos los acontecimientos vividos en esa familia. Estela se encontró frente a una realidad  para la que no estaba preparada: Sola, sin esa mano que la guiaba permanentemente y con tres hijos a los que debía mantener.
Salió al ruedo, peleó como leona y todos advirtieron que  bajo la piel de esa mujer sumisa y dominada, existía otra capaz de desafiar al mundo por  sus hijos.
En ese andar luchando por la vida, descubrió que era capaz de  resolver las vicisitudes que se le presentaran, que era un ser con destino propio y sobre todas las cosas que era una mujer que podía amar. Así fue que conoció a Pedro quien la convenció de que tenían una historia para compartir.
Salieron, se  complementaron, se conocieron, se amaron y sintieron la necesidad de transitar sus días juntos.
Estela, que con el correr del tiempo había olvidado la sentencia de José, volvió a recordarla y al aceptar  que Pedro viviera en su casa, consideró oportuno cambiar su cama. Adquirió otra, más moderna y más grande, tratando así de renovar el aspecto de su habitación y a pesar de su incredulidad, tratando de evitar que se cumpliera el  castigo.
Todo era felicidad para esa nueva pareja, sentían que el amor los envolvía a tal punto que necesitaban plasmarlo  en la unión de sus cuerpos y así, llegado el momento y cuando el hecho comenzaba a concretarse; un toc, toc,toc;  suena en la habitación, al mismo tiempo que las sábanas tironeaba desde un costado.
Estela quedó paralizada y Pedro no entendía lo que pasaba, hasta que la mujer, presa de miedo, le contó aquella amenaza que en vida hiciera José.
Pedro, caballero, paciente y con una gran ternura; trató de calmar a su amada y dormidos fundidos en un gran abrazo, los sorprendió el amanecer.
La noche siguiente fue escenario de un nuevo intento frustrado por el toc,toc,toc  y el tironeo de las sábanas y así pasaron muchas veladas, muchos fracasos, muchos Toc,toc,toc, hasta que el amor explotó por los poros de esos seres que sordos de pasión, concretaron su encuentro y entonces junto al toc,toc,toc y al tironeo de las sábanas ; se oía la voz de Pedro diciendo: ¡Gracias, gracias José! Y la de Estela que repetía : ¡Perdón, perdón, José!.
Los encuentros posteriores lograron que ambos perdieran el temor al presagio del difunto, al punto tal  que ya parecían compartir la tertulia, pero  esto, a pesar de haberse convertido en cotidiano, no resultaba de agrado para Pedro, porque se sentía incómodo ante el alma errante que invadía su intimidad.
Así fue que un día, ya cansado del toc,toc,toc y del tironeo, no soportó más la situación y como guerrero que se detiene en la contienda para visualizar la ubicación del enemigo; saltó de la cama y comenzó a buscar algún indicio del toc,toc,toc , su amada ascendiendo la situación acompañó esta búsqueda ; fue entonces que, ante esa detenida y minuciosa inspección para encontrar al espíritu que no los dejaba en paz, descubrieron que aquél llamado de atención que supuestamente les hacía José ,no era más que el golpeteo que la cama hacía contra la pared, al ser de mayor tamaño que la anterior; y que el tironeo de las sábanas durante la refriega, se debía a que habían pertenecido a un colchón más chico .
Liberados de la admonición que supuestamente les hacía el espíritu, corrieron la cama, compraron sábanas más grandes e hicieron el amor sin interrupciones; mientras tanto José, en el cielo, seguía descansando en paz.

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