miércoles, 5 de junio de 2013

Combinatoria letal

por Alicia Hotez

Cuando llegó al trabajo, estaba tan pálido, que llamó la atención de todos sus compañeros. Saludó y se dirigió apurado a su escritorio. Hizo las anotaciones como todos los días.
-¿Estás apurado Cachito? ¡ pará un poco y vení a tomar unos mates!
-¡Esperá loco! esto es importante
-¡Me imagino! Como las pelotudeces que escribís todas la mañanas, las patentes de los autos con que te cruzás.
-Esto es distinto loco- ¡acá hay un mensaje!-
-Bueno, esto se está poniendo mejor, ahora las patentes te mandan mensajes, ¡No! -¡ si voy a terminar en un psicólogo con vos-¡.
-Vení, vení loco te muestro - ¡y vas a ver que tengo razón!-
La realidad era que Cachito vivía solo, en ese caserón que lo vió nacer, no tenía más actividad que el trabajo en la administración pública, que consiguió cuando aún era estudiante. Estaba cómodo, le alcanzaba para vivir y con esa indecisión que lo caracterizaba, nunca se interesó en tener otra actividad. Para peor de males había perdido, en muy poco tiempo, a su madre y su tía con las que había vivido desde que nació.
Para ejercitar su memoria, su último pasatiempo era recordar las patentes de los autos. Llegaba, las anotaba y como una competencia  consigo mismo, se decía – de treinta me acuerdo doce, ¡buen promedio!-
-¡Dale loco, vení!- -¡observá las letras! las vi en éste orden-
Y el loco leyó, VAS –AMO- RIR
-Te das cuenta loco, ¡suena como una sentencia!
-Estás rematadamente chiflado –dijo el loco, agregando- Es pura casualidad, si reparás en tus anotaciones anteriores, seguro que formarás otras palabras, esto es matemática, combinatoria pura.
Lejos de tranquilizarse, Cachito empezó a estar alerta. Se cuidaba de no tropezar al bajar los ocho pisos, por las escaleras del ministerio y cuando cruzaba la calle. Además hizo colocar una cerradura más en la puerta de su casa y por las dudas, no volvió a encender el hogar a leña. Se convirtió en un perseguido de su propio miedo.
Días después, cuando estaba totalmente obsesionado, dos patentes lo desequilibraron del todo, RAP – IDO.
-Ves loco que no es mi imaginación, ¡es un mensaje!, esto no es azar, casualidad ni combinatoria.
-Cachito, las patentes no piensan, sos un tipo inteligente, vos no podès creer en esas cosas. Te va a subir la presión y lindo problema vamos a tener en la oficina-
-Si, yo me digo lo mismo, -dijo Cachito- cuando estoy más tranquilo. Me repito que no voy a mirar ni a los autos ni sus patentes, pero no sé, se me cruzan y es como una manía que tengo ¡No puedo dejar de mirarlas!
- ¡Eso! –dijo el loco- te estás volviendo maniático, ¿por qué no te conseguís una mina y te dejas de joder?
-¡Como si fuera tan fácil! –respondió Cachito- vos te olvidás que tengo 55 años y poca guita, las mujeres buscan otra cosa.
-¡Si tenés razón! las mujeres no buscan a un boludo que lee las patentes y las interpreta como si fuera el horóscopo. Venite el domingo a jugar al fútbol con nosotros, ¡gastá esa energía, que se te subió a la cabeza y te hace delirar!
-No estaría mal, -respondió- ¡pero hace tanto tiempo que no juego!
-¡Cachito!, vos hace tanto tiempo……, ¡dejalo así!
Al otro día se levantó temprano, tomó un café y salió de su casa con la promesa de no mirar los autos ¡el loco tiene razón, pura casualidad! – se dijo-. Una cuadra antes de llegar al trabajo, un Cruise negro esperaba en el semáforo en rojo -¡qué lindo es en ese color!- pensó- y como en un acto reflejo bajó la vista y vió la patente FIN 003. Como pudo llegó a la vereda y se apoyó en un árbol para no caerse, un hombre que pasaba lo llevó, tomándolo del brazo, hasta la puerta del Ministerio. Cuando bajaron sus compañeros, estaba sentado, pálido y el terror dibujado en la cara.
-¡Qué pasa viejo, no me asustes! – dijo el loco-
Le contó lo que había visto y agarrándolo al loco del saco le preguntó:
-¿Me voy a morir? ¿en tres horas? ¿tres días? ¿tres semanas o meses?
-¡Basta Cachito! ¡no te va a pasar nada!
Entre dos compañeros lo llevaron a la salita del Ministerio, para que lo viera un médico. Este aconsejó que consultara con el de cabecera y después de tomarle la presión, le dió, a partir de ese martes, carpeta médica por el resto de la semana.
Los días siguientes los compañeros lo visitaron y el loco se ofreció a quedarse a dormir.
-¡Gracias loco, pero me siento mejor! Me puse a leer algo y también me entretengo con la televisión.
-¡Mirá hermano que me ofrezco de corazón y de paso no voy a trabajar!
-¡Eso!, reite Cachito, la risa hace bien.
El viernes, cuando el loco atendió el teléfono de la oficina, se sentó y con la cara desencajada dijo:
-¡Era verdad, no estaba enloqueciendo!
-¡Qué pasó loco, hablá!
-Cachito, hoy hace tres días que vió el Cruise negro, tuvo un paro cardíaco, ¡se murió!

Cachito Gomes, 55 años, abogado, hipocondríaco y sugestionable, murió por miedo a morir.


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