domingo, 9 de junio de 2013

La tía Antonia

por Myriam Zubiarrain 

La tía Antonia llegó a mi vida cuando yo tenía aproximadamente ocho años, llegó de la mano de mi tío Manuel; creo que nunca fue presentada formalmente como pareja de mi tío, pero automáticamente fue mi tía Antonia.
          Con la tía solía pasear por el barro Echesortu, para mí era LA SALIDA, el barrio se caracterizaba por ser comercial y como sucedía en esa época con todos los barrios, tenía cine que obviamente se llamaba Echesortu.  
          Junto a la tía crecí, pasaron muchos años, mi tía nunca dejó de serlo aunque mi tío ya no vivía con ella; es más se casó en secreto (para mi tía) con Emilia,  cuando yo tenía alrededor de veintiocho años y ya era mamá.
          Con el paso de los años la tía siempre siguió a nuestro lado preguntándose por el tío Manuel.
          En una  de mis visitas a Rosario con mis hijos, la tía me preguntó
Nena, ¿Vos sabés dónde está el tío?
No sé tía (mentía)
¿Por qué no le preguntás?
Tía te prometo que le voy a preguntar

      A los días,  la tía (siempre confiando en mí) me dice
Nena, ¿le preguntaste?
Y, si tía
¿Qué te dijo?, ¿Dónde está?
Y, vos sabés cómo es, me dijo que duerme donde lo agarra la noche.
Pero nena, ¿por qué no viene más a casa?
No sé tía, vos sabés cómo es él, un andariego, le gusta la calle….
Decime nena, ¿yo puedo ir al psicólogo?
Si, ¿para qué querés ir al psicólogo tía?
Y para preguntarle, dígame, ¿dónde está mi marido?
Ah, tía, vos no necesitás un psicólogo, necesitás una bruja..
¿Por qué?
Porque el psicólogo no puede contestar eso. ¿Querés tía que hagamos un juego?
¿Qué juego?
Yo hago de tu psicóloga y vos venís a verme…
Bueno
Empecemos. Buen día señora, ¿cómo se llama?
Yo me llamo Antonia
Muy bien, Antonia, ¿Por qué viene a verme?
Porque quiero saber dónde está mi marido.
Usted señora  ¿qué cree? ¿dónde está?
Con otra…
¿Eso cree, Antonia?
Si, de acá para acá (haciendo un gesto con sus manos del pecho hacia arriba y afuera) sí. Pero de acá para acá (el gesto invertido, desde su pecho hacia abajo y adentro) no.
          Me conmovió ver cómo con pocas palabras pudo definir su estado. La tía se transformó en ese momento para mí en una persona sabia pese a su ignorancia y creo que la quise más que antes.
          El mes pasado, a sus noventa y dos años, la tía murió, y siempre, siempre mantuvo la esperanza que el tío Manuel volviera otra vez a vivir con ella.
        

No hay comentarios:

Publicar un comentario