jueves, 19 de septiembre de 2013

La revelación

por María Guillermina Volonté

La carta llegó a mis manos por casualidad el día en que decidí ordenar el desván de la antigua casa de mis padres.
Inmediatamente reconocí la elegante letra de mi madre en ese papel amarillento por el paso del tiempo.

¿Será alguna carta escrita a mi padre? – me dije.

Pero no, estaba dirigida a un tal Ernesto… que no era el nombre de mi padre…

Me sorprendió el “Mi adorado Ernesto”, con que comenzaba y me inquietó terriblemente el poder descubrir un posible misterio oculto de mi madre.

“Te sorprenderá recibir esta carta luego de haber pasado juntos un fin de semana maravilloso – comenzaba la misiva –
Lo que te diré me desgarra el corazón, pero no he podido encontrar otra solución a nuestro dilema.
Mi pequeña hija me necesita y yo la necesito a ella, mi marido jamás permitirá que me separe de él. Tu sabes perfectamente que no lo amo, nunca lo amé, que nuestro matrimonio fue una imposición de mis padres, pero no me queda otro camino que decirte adiós…
Nunca dejaré de amarte, aunque no estemos juntos, así nos sentiremos.
Con todo mi amor. Lucía”

¡No lo podía creer! Jamás había sospechado que mi madre, no había sido feliz en su matrimonio, jamás lo dejó traslucir.

De pronto, caí en la cuenta de que si esa carta estaba allí, si yo la había encontrado entre las hojas de ese viejo libro, jamás mi madre la había enviado a su destinatario, ese desconocido llamado Ernesto…
¿Qué significaba esto?
Me negaba a pensar en una doble vida de mi inolvidable madre. Pero…
La carta seguía allí, a pesar de los casi 50 años transcurridos…
Lo que más me angustió fue comprender que ya nunca podría saber la verdad y que la revelación que me llegaba a través de esas líneas quedaría por siempre en la nebulosa bruma del pasado…




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