por Mirtha Edit Tavecchio
Cuando era una niña ivamos todos los años a veranear con mis hermanos y mis padres a Pinamar.
Pinamar era un hermoso pueblo con casas magníficas, mucha vegetación, pinares que llenaban el aire de un aroma especial , que con el mar nos hacía sentir eufóricos; todas las casas tenían amplios jardines con hermosas flores , ortencias entre ellas de diferentes colores.
El axceso al pueblo era através de una cinta asfaltina , angosta, que llegaba hasta el mar, el camino estaba rodeado de pinos imponentes.
Al final de la cinta asfaltica aparecía el mar con su color entre celeste y verde esmeralda, en el horizonte había una línea que lo dividía del cielo celeste.Cuando aparecía ese espetáculo visual , mis hermanos y yo nos poniamos euforicos, era una alegría incontrolable.
Todos los años nos quedábamos en un departamento de un edificio de dos plantas, ubicado muy lejos del centro, cerca de muelle de pescadores.
Todo era verdor con sus grandes pinos, las dunas altas y de un amarillo intenso, y el mar allí, deslizando suavemente sus aguas sobre la arena.
No había casas muy cerca del lugar , de ves en cuando un gran chalet entre los pinares, con senderos que llevaban a distintos lugares.
Había un cine, un hotel con un gran parque con flores de distintas clases y muy pocos comercios, ubicados sobre la calle principal , única calle asfaltada .
Mamá se encargaba de todos los preparativos, por que papá trabajaba hasta último momento y no podía ayudarle.
Cuando papá decidia de salir , mamá le alcanzaba las cosas para que se acomodaran en el auto. Ella llevaba sábanas, toallas, manteles, servilletas para todos, hasta una olla a presión para hacer la comida más rápido,ya que en ese entonces no había microondas. Preparaba la ropa para todos. NO debía olvidar nada, por que papá se ponía de mal humor.
Cuando llegabamos, mis hermanos y yo queríamos ir a la playa , revolviamos los bolsones buscando las ojotas y maya; con papá corriamos al mar.
Cuando volviamos teniamos nuestras cosas en el ropero de nuestra habitación, las de papá y mamá en el placar de su habitación.
Mamá se quedaba, sacando las cosas del auto, acomodaba todo. Algunas cosas eran muy pesadas, pero ella se las ingeniaba para subirla por la escalera.
Al regresar de la playa, mamá ya había puesto el mantel para tomar el té con leche , una torta que había traido de casa. A papá no le gustaba los dulces, comía quesos y fiambres.
En ese momento eramos una milanesa de arena masticando la torta sorbiendo desesperadamente el té.
Mi madre mientras tanto preparaba tostadas para papá que acompañaba con sus quesos.
Todos reíamos,mamá solo sonreia, pero la mayoría del tiempo estaba seria, nerviosa y gritaba que nos callaramos cuando nos excitábamos jugando a la mancha o a la escondida dentro del pequeño departamento.
Nuestro padre no decia nada, leia el diario o un libro absorto en ello, no prestaba atención a mamá, ni a nosotros.
El dialogo era muy escaso, cuando mamá hablaba , comentando algún acontecimiento que de reojo leía en los títulos del diario, papá ponía el dedo sobre el renglón donde estaba leyendo, le contestaba,_estoy leyendo_ ¿qué decias?, -nada!!_ respondía mamá, todo se reducía al griterio nuestro, desordenando las camas, haciendo peleas de almohadas con mis hermanos.
A la hora de ir a dormir, nos bañabamos y los más pequeños los bañaba nuestra madre. A veces se poní histérica , pues tenía que armar nuevamente nuestras camas que en el juego de guerra de almohadas él habian quedado desechas. Gritaba, y papá, le recriminaba que se callara pues él quería pasar sus vacaciones tranquilo.
Una noche me levanté para ir al baño,papá decía, si no querés dormí en el suelo- no entendí que pasaba. Pero aquel recuerdo de mi madre acurrucada en el piso , al lado de la cama, me llena de pena.
Al día siguiente todo era igual , mamá hacía las camas, limpiaba el baño, que era un arenal que dejamos en la noche al bañarnos. Preparaba nuestro desayuno, iba a buscar el diario para papá; cargaba un canasto , la silla , la sombrilla, un libro donde apenas había podido leer en una semana dos páginas.
Corriamos por las dunas como una tropilla, levantando arena. Al rato aparecía papá, y todo se repetía, mamá siempre sentada bajo la sombrilla con los ojos fijos en nosotros y en el ir y venir del mar sobre la playa. Él hacia largas caminatas por la playa , luego se sentaba a leer el diario.
Durante un mes , en un tiempo de catorce años, yá eramos adolescentés y no quisimos regresar a Pinamar, nos resultaba aburrido.
Mi padre decidió que iríamos a otra playa más tranquila y donde fueran adolescentes.
Estabamos contentos, mamá continuó por unos cuantos años más con la misma rutina que en Pinamar.
Después de tantos años me pregunto-¿ Por que no se rebeló ante aquel abuso? ¿Por qué no pidió vacaciones para ella también?
Habra sabido lo que era abuso físico y psicológico?
Siento pena cuando recuerdo aquello, por haber sido ella tan sumisa; me pregunto ¿Cual fué el momento de felicidad en esas vacaciones en el mar?...
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