por María Guillermina Volonté
Tuve el privilegio de compartir un encuentro que cambiaría su vida. Él había prometido a su padre buscar en ese lejano pueblito de España algún rastro de sus antepasados. No teníamos demasiados datos, solo que el pueblo se llamaba Palacios del Arzobispo y que estaba a 30 km de Salamanca, conocíamos los nombres de sus abuelos, que emigraron a la Argentina en 1905 y que habían vivido en la calle “Del Puente”…
Fue así que aquel soleado domingo de septiembre de 2000, emprendimos nuestro viaje al pasado. Llegamos cerca de mediodía y nos dirigimos, por indicación de un lugareño, a la iglesia del pueblo, donde el cura, que todos los domingos llegaba desde Salamanca a dar la misa, ya estaba preparándose.
Como en toda ciudad de España que se precie, la iglesia estaba frente a la Plaza Mayor, en este caso muy pequeña y donde se destacaba orgullosa la centenaria morera cubierta de inflorescencias, brindando una sombra acogedora y tranquilizante, histórica morera, lugar de encuentros y desencuentros y de festejos locales. En lo alto de la torre de la iglesia pudimos apreciar otro integrante de este paisaje inolvidable: la zancuda cigüeña, instalada en su inviolable nido que ni los intentos de muchas generaciones lograron eliminar. Y allí sigue, como símbolo indiscutible de Palacios del Arzobispo.
Cuando le planteamos al sacerdote, que fumaba incansablemente, el motivo de nuestra visita, nos indicó que la mejor forma de verificar si algún descendiente de esos legendarios abuelos todavía habitaba la ciudad, era conversar con la persona más longeva, de 93 años, de los 206 habitantes estables del pueblo, la cual asistía a misa todos los domingos.
Cuando pudimos hablar con doña Luisa, inmediatamente nos dimos cuenta que era de la familia. La emoción fue inmensa, las palabras se desmayaban en nuestras gargantas sin lograr articularse correctamente. Todos los datos que llevábamos coincidían con lo que Luisa nos brindaba, sin recelos ni sospecha alguna de las intenciones de estos dos argentinos de llamativas bermudas turísticas, que contrastaban con los fieles que acudían a misa, rigurosamente vestidos de domingo.
¿Dónde vivía Luisa? En la calle Del Puente… en la antigua casa de los abuelos que originaron nuestra búsqueda… no lo podíamos creer… la felicidad nos inundaba, pensando en la promesa cumplida.
El resto del día lo pasamos conociendo nuevos miembros de la familia, visitando la antigua casa, donde nos agasajaron con un almuerzo bien español en una mesa tendida para 15 personas, compartiendo anécdotas, descubriendo parecidos físicos, generando nuevos lazos de amistad que hasta hoy se mantienen.
Nos fuimos de Palacios del Arzobispo con el alma repleta de sensaciones, dejando atrás esas doradas mesetas salamantinas y convencidos que ese día quedaría en la historia de nuestras emociones…
Muy emotivo...!!
ResponderEliminarY real!!!
ResponderEliminarLo vuelvo a leer y no puedo siquiera imaginar lo que sintió papá al encontrar sus raíces y cumplir la promesa hecha al abuelo Beliche.
ResponderEliminarDonde sea que estén hoy los dos seguro ya compartieron todos los detalles.
Hermoso mami.
Gracias otra vez 😘💖