por Irma Giménez
Observo con detención la sabiduría utilizada por esta persona de 90 años, hacia su bisnieto de tan solo 5 años, Bernardo es el bisnieto y Ricardo es el bisabuelo.
El niño no es díscolo, todo lo contrario, es muy temperamental, se nota la posición que está tomando frente al mundo, demuestra sus claras ideas, está convencido, pese a sus pocos años de tener razón y, el bisabuelo, desplegando una suerte de humanismo cordial, afectuoso, le explica cuidadosamente cuáles son los valores morales que por experiencia de vida prevalecen en él.
El niño parecía intrigado, lo miraba muy seriamente, aprovechando una pausa del anciano, dijo: ¿abuelo te miraste en el espejo?, ¿viste las arrugas de tu cara? Son muchísimas, te ponés feo... una amplia sonrisa se dibujó en el rostro arrugaado de Ricardo, quien a su vez dijo: soy viejo, pero cada una de mis arrugas tienen un significado.
- ¿Qué querés decir?
- Cada una demuestra todo lo aprendido a lo largo de mi vida.
Bernardo siempre vivaz comprendió que la sabiduría del bisabuelo iba a ser muy importante en su ida de ahora en más, no vaciló en abrazarlo, demostrándole todo su amor, al tiempo que decía, no son feas tus arrugas, no importa si eres viejito, yo te quiero.
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