por Irma Giménez
Mi hermano y los dos chicos de la estación me decían, Panchito está esperando el sábado del baile para hablarte. Panchito era el Jefe Relevante que venía todos los meses desde Meridiano Quinto de La Plata a cubrir todos los francos que tenían los empleados ferroviarios.
Ellos no sabían que ya habíamos quedado de acuerdo, Panchito (un morocho buen mozo) y yo, para bailar toda la noche juntos. ¿Estaba enamorada o solamente eran mis 15 años? Mi hermano no perdía oportunidad para cargarme y por eso mamá algo sabía, pero papá no, y no tenía que enterarse, para que mi “historia de amor” no fracasara.
¡Y se enteró! Y no me permitió que fuera al baile. Siempre fue muy severo: papá hubiera estado feliz si yo me convertía en Carmelita Descalza.
La fiesta la hacía la Cooperadora de la Escuela N°3 de la zona, donde papá era un integrante de la comisión, su cargo era el de tesorero.
¿Cómo se enteró papá? Los chicos en la oficina hacía una semana que comentaban, y comentaban, mi viejo paró la oreja y se pudrió todo,
Me contaron los chicos que Panchito esa noche tenía los ojs como el dos de oro mirando la puerta de entrada y no llegué. Mientras tanto yo no hacía más que llorar y llorar hasta que me quedé dormida.
Esa fue mi primera historia de amor.
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