jueves, 21 de noviembre de 2013

Reencuentro

Por María Guillermina Volonté

Quizás nunca pensó que su sueño no se cumpliría.
Pero así fue, el destino quiso que trasladara su máquina de escribir a otras alturas, muy temprano en el tiempo. Pero antes nos dejó un invalorable legado: las “estampas” del pasado de su terruño, historias mínimas, pequeñas joyas, que sus descendientes rescataron del olvido y lo convirtieron en ese sueño, ahora realizado, casi 50 años después, que se materializó en letras, palabras, relatos, huellas en última instancia, de nuestro pasado.

Inmersa en ese objetivo pude revivir y reencontrarme con los mejores momentos de mi niñez y de mi adolescencia.

Me reencontré con esa niñita de cabellos rubios y enrulados que tomada de la mano de su mamá y de su hermana mayor, me sonreía desde un retrato en blanco y negro.
Me reencontré con los románticos poemas en los que mi padre, sin timidez, le dedicaba públicamente a esa “dulce visión placentera como en la leyenda de Saúl”, que no era otra que mi madre, y no titubeaba en confesar que “como otro Pablo anduve regalando ensueños con las manos llenas”…
Me reencontré con sus cartas que rigurosamente me llegaban todas las semanas cuando vine a estudiar a La Plata y dejé mi casa natal. Largas cartas escritas a máquina que son un reflejo de mi identidad.
Me reencontré con las palabras de los poetas que dedicaron a su recuerdo frases imborrables, palabras inolvidables, en las cuales veía reflejados mis propios sentimientos: “Este hombre es periodista y por lo tanto no ha muerto, ni descansa de su gran fatiga: está escribiendo su crónica maestra”…
O aquel sentido: “Siempre estarás aquí. Sin lejanía”, de su gran amigo embargado por la tristeza…
O quizás aquella otra que decía: “Su pluma era portento de raudales. Su talento era llama reclamada”…
Me reencontré con su dedicatoria, escrita de puño y letra, en la primera página de aquel libro que compuso por devoción a Saladillo, para iniciarme en el conocimiento de su historia, identificada con varias generaciones de mi familia.
Me reencontré con su oratoria encendida, volcada en las páginas de su periódico y en las decenas de imágenes que sobrevivirán al tiempo y al olvido.
Me reencontré con mi padre a través de las palabras emocionadas de sus nietos, quienes sin haberlo conocido, lo describen tal cual fue: protector, cariñoso, humorista, amigo de sus amigos, escritor, político y periodista…

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