miércoles, 30 de abril de 2014

Costumbres

 por Virginia Amado

¡Era tan linda! La ví por primera vez en las fiestas patronales de la Parroquia. Estaba junto a su familia: una hermana melliza, la mamá , su padre de dos metros de estatura y un hermano pequeño que se mostraba muy ágil en la competencia de palo enjabonado.
   Ella reía y me miraba de reojo, secreteando con su gemela.
   Yo estaba con mis amigos que me convencieron para acercarnos....total entre tanta gente, pasaríamos desapercibidos. Pero la chica no quitaba los ojos de nuestros movimientos, y yo me sentía  atraído,tentado a hablarle. Aprovechando  el descuido del gigante de dos metros, que se dirigía a comprar pochoclos, caminé hacia ella y le pregunté el nombre.
   Con el rostro cubierto de rubor me respondió que era Elenita, y ante mi insistencia de dónde podría verla, me dijo que vivía en un establecimiento rural, que sería difícil. Aunque recordó que el próximo mes se haría el baile de carnaval en el Club Porteño y allí estaría.
   Le dije que iría y lo cumplí. Cómo no hacerlo si me volaban mariposas al mirarla...
   El día del baile, me vestí y perfumé con esmero. Elena estaba preciosa con su vestido de flores, el pelo suelto y la sonrisa.
    Sentada entre su mamá y otras chicas, me saludó con un gesto. Al gigante no lo ví, y eso me dio más soltura.
    La invité a bailar desde lejos, con cabeceo, y la observé hablar con su mamá antes de aceptarme.
    Al acercarse me aclaró que sólo la dejaban si lo hacía en la orilla de la pista, que la madre pudiera vernos.
    La orquesta típica nos hamacaba con acordes y fue el marco justo para pedirle que fuera mi novia.
    Me respondió que sí....siempre y cuando fuese al día siguiente a hablar con su papá.
   El domingo por la tarde, con mi aceleración de ciudad, me acerqué a la chacra.
   Esquivando perros por el camino de tierra, golpeé las manos en la portada y ella vino a recibirme.
   A pesar del miedo y la timidez, avancé hasta la galería donde toda la familia, abuelos incluídos, comían buñuelos de manzana y tomaban algo con bombilla.
   Me invitaron a sentarme, y mientras el padre me exponía a un largo interrogatorio, me pasaron el jarro grande. Nunca me olvidaré: era de un enlozado rojo, casi casi como mi cara.
   No me gusta el té, nunca lo había tomado con bombilla y transpiraba, un poco por la situación y otro poco por el contenido del jarro que parecía no terminarse nunca, espeso y oscuro.
   Sentía que todos me miraban pero no dejaba de chupar la bombilla, hasta escuchar el ruido de vacío.
   Pedí disculpas, me sentía mal....por el té y por la prueba.
   Elena me acompañó a la tranquera, y sonriendo me explicó que la costumbre es pasar el jarro de té  de uno a otro, y sólo tomar unos tragos.
   La vergüenza y el malestar me hicieron salir rápidamente hasta la ruta donde pasaría mi ómnibus.
   No me dí vuelta. Sí, es verdad....era tan linda!
   Pero yo no pude soportar el interrogatorio regado por tanto té como no había tomado nunca.
   Romance que quedó trunco. Nunca más la volví a ver.

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