En el atardecer, el almacén Sin Rumbo, estaba muy concurrido.
El almacenero servía el vino de la damajuana y los paisanos bebían y reían.
De pronto entró Leónidas Paredes como un ventarrón con las bombachas batarazas arremangadas, sus alpargatas bigotudas y su flaco perro al que apodaba Diego, en honor de su ídolo: Maradona.
Según se decía en el pueblo, al hombre lo llamaban “Leónidas” desde el día en que salió diciendo que con las alpargatas desflecadas había espantado a un furioso león que estaba suelto en el campo. El animal- contaba- se había escapado de un circo que visitaba el pueblo y lo había vuelto a su jaula.
Pero volviendo a aquel atardecer en que entró al lugar, escupiendo plumas de cotorras y gritando:
-¡¡Las odio!!_¡¡¡ Las odio a esas catas¡¡¡
- Cálmesé, amigo,- le dijo Crespín Rodríguez que lo conocía como cuentero- y tómese una copa para calmar el garguero.
- Algún día las exterminaré a alpargatazos.
- Venga, venga y para distraernos cuéntenos lo que le pasó con el algarrobo que tenía en su campo.
Alagado por la atención que le prestaban, Leónidas se calmó y volvió a contar la historia en la que, para que las cotorras no se comieran los choclos de su campo, resolvió durante la madrugada, poner una trampera en cada rama de su algarrobo en el que las cotorras anidaban de noche.
“Al atardecer- contó- cuando las cotorras terminaron de comer granos de mi maizal, empecé a revolear mis alpargatas bigotudas, como si fuera un loco furioso mientras les gritaba:- Ladronas….Un colchón de plumas me voy a hacer con ustedes…
Las catas volaron al algarrobo y fue allí donde se soltaron las trampas. Cada cata en su trampa.
Pero empezaron a gritar furiosas y a batir las alas como endemoniadas.”
- ¿Y entonces, don Leónidas?
Los paisanos lo escuchaban y esperaban el final, gozándolo.
“Entonces… las catas armaron tal ventarrón con las alas que de pronto creí que la tierra se movía como en un terremoto- y eso era lo que pasaba… Las catas se agitaron tanto mientras chirriaban, que de pronto el algarrobo empezó a levantar vuelo ante mis ojos y finalmente el árbol se perdió en el cielo del atardecer, con raíces . catas y todo.”
-Qué bárbaro- don Leónidas- y qué le dejaron las catas?
- Rabia, me dejaron… Las despanzurraré una por una.
La concurrencia terminó riendo al final del cuento y Leónidas, ¿Leónidas? se empinó un vaso de vino tinto.
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