por Nezka Sánchez
Me remito a principios de la década del 30, fuiste la primera en ocupar el lugar de privilegio en el dormitorio de mis padres. Hermosa, majestuosa, con tus barrotes dorados.
Allí nacimos los tres hermanos, pienso que de tener movimiento, hubieras ayudado en nuestro alumbramiento, pero allí permanecías, muda, escuchando gemidos y esperando el primer llanto que indicara la vida.
Crecimos, cambiamos pero tu siempre igual, sabiéndote integrante de la familia.
Aun me parece verte opaca, sin brillo, cuando mi padre agonizaba. El te trajo a la casa y fuiste el baúl de hermosos momentos, guardaste también lágrimas y acumulaste esperanzas.
Pasaron los años, mi familia fue desojándose como una margarita, pero tú sigues de pie., recobraste tu brillo y alegría. Recorriste mas de mil kilómetros y te instalaste en el dormitorio de mi hijo, el te eligió.
¿Cuántos años tienes? Mas de ochenta, pero te ves radiante, hermosa y guardando entre tus barrote secretos de tres generaciones, que solo tu conoces y seguirás así, porque tu nobleza te hace brillar como el oro, pero solo eres “LA CAMA DE BRONCE”.
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