por Nezka Sánchez
Pensaba como comenzar esta historia. Reviví momentos que creí olvidados, escuchaba preguntas cuyas respuestas débiles, cobardes, me avergonzaron.
¿Cuándo realmente nos sentimos involucrados en un delito? ¿Cuándo lo premeditamos y ejecutamos el ilícito, o cuando sabedores de actos cometidos por otros omitimos comentarlos? ¿Por miedo? ¿Indiferencia? ¿Vergüenza?.
¿Cuándo realmente nos sentimos involucrados en un delito? ¿Cuándo lo premeditamos y ejecutamos el ilícito, o cuando sabedores de actos cometidos por otros omitimos comentarlos? ¿Por miedo? ¿Indiferencia? ¿Vergüenza?.
Con el correr de los años , descubrí la terrible magnitud del “ NO TE METAS". Ese fue mi gran pecado. Ejercía como maestra en una villa de Florencio Varela. Lugar donde las leyes eran dictas por sus propios habitantes, Allí vivía una de las alumnas quien es protagonista de esta historia. Todos conocíamos el espanto que en el hogar de esa niña ocurría, pero éramos sordos y mudos.
El jefe de familia mandaba y organizaba todo. Así fue, como se atribuyo el derecho de tener dos mujeres, su esposa y su hija mayor. Cuando la esposa amamantaba a su ultimo bebe su hija estaba embarazada.
Mas de una vez pensé denunciar el caso ante el Juez de Menores, luego pensaba que esa niña mujer terminaría en un Instituto de Menores, que lejos de ser una solución le acarrearía un tormento más. Y allí quedaba escondida mi MEZQUINA INTENCIÓN. Pensaba que mi juventud e inexperiencia frenaban mis pensamientos positivos i TORPE! I COBARDE! Ese era el momento de la lucha contra la corrupción pero claro era mas fácil el quedarte quieta y optar por el “NO TE METAS”.
Espero que el JUEZ SUPREMO haya perdonado este pecado de cobardía, por lo que me siento profundamente arrepentida
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