lunes, 9 de junio de 2014

¿Verdad o mentira?

por Ruben Manzini

Dedicado afectuosamente a Graciela Carchio, mi Psicopedagoga, quien me animó a inscribirme en el Taller de Literatura de Relatos de Vida, además de guiarme a enfrentar el futuro con optimismo, ayudándome a ver, que si me lo propongo  puedo hacer todavía cosas importantes. Ella nació en Chivilcoy, por eso mi relato menciona el lugar con mucho cariño. 

¡Cómo jugaba al fútbol Terencio Sandoval!
Eso me decían todos los que se enteraban que era de Cascabel, el pueblo rural donde nací y vivo. Ahí en los pagos de Chivilcoy.
Mi trabajo es el de mandadero, es decir llevo y traigo cosas que requiere mi patrón, hago las compras, llevo recados, reparto algunos productos de granja otros pueblos, soy una suerte de correo y repartidor. Mi nombre, Severino García.
-¿Asique Ud. Es de Cascavel?
-Si de ahí soy.
Contesté desde le silla en la que estaba sentado a la mesa del bar de aquel pueblo llamado Las Nutrias, de la misma zona que el mío.
-¡Yo vi jugar al fútbol a Terencio Sandoval! ¡Permítame presentarme, soy Arnaldo Espinoza!
-Un gusto; Severino García para servirle. También yo lo vi jugar, imagínese, soy del mismo pueblo que él. No sólo lo vi jugar al fútbol, sino también ganar campeonatos, en partidos inolvidables. Jugadas magistrales que Maradona, Messi, o el mismísimo Kempes se pondrían colorados de ira, porque ellos no lo podrían siquiera igualar. ¡Y ni hablar de Pelé o Ronaldo, se esconderían!
-Sí que era buenazo ese Terencio, Don Severino, fíjese que un día jugando aquí en nuestro pueblo nos hizo cuatro goles. Perdimos seis a cero. Él sólo nos ganó el partido ¡Lo parió! “Deportivo Cascabel”: seis; “Las Nutrias”: cero.
-¡La Pucha Arnaldo! ¡Yo estuve en ese partido! ¡Y sí, lo ganó él!
-¿Me puedo sentar junto a usted Don Severino?
-Pero sí, Arnaldo. Siéntese y tome algo si gusta, yo invito.
-No, le agradezco, Solo quería que me contara algo más referente a Sandoval. Yo lo veía cuando venía a jugar acá, a Las Nutrias, usted lo vio seguido, ya que era de su mismo pueblo.
-Noté que los parroquianos del bar se fueron arrimando a nuestra mesa, algunos sentados, otros parados. Me di cuenta entonces que era para escuchar hablar de Terencio Sandoval. Así fue que empecé a explayarme sobre el tema, templando mi voz para que me oyeran todos.
Sepa amigazo, que al Terencio lo vinieron a buscar de Boca, River, Racing e Independiente. Pero él no quiso ir a ninguno de esos clubes, ni a otros. Él se contentaba con deleitar con su juego a la gente de estos lugares. Lo vino a buscar el técnico de la Selección Nacional, y nada. Él decía: “Yo arreglo los alambrados del campo de mi abuelo, los recorro, veo que los animales y los sembrados estén en orden. Esto me lleva gran parte del día; a la tardecita al bar a jugarme uno o dos trucos, me tomo una grapita, y después me aquerencio  en el rancho con la Zulema.”
-Y los domingos, iba a jugar al fútbol para divertirse y divertirnos y ya; esa era su vida.
La gente me miraba y escuchaba con mucha atención, también noté que mi copa nunca se vaciaba, por más que tomase. Continué mi relato.
-Una vez, llegando a la semifinal del Campeonato Zonal de Fútbol, unos dirigentes del club rival, llamaron a gente pesada de Capital para amedrentar a Terencio y obligarlo a que fuera menos, les indicaron a estos tipos que era mejor hacer el trabajito por la noche para así pasar desapercibidos. Llamaron gente de Capital, porque la de estos pagos admiraba y veneraba a Terencio ¡Vean! (dije vean, porque eran ya muchos los arrimados a la mesa) ¡Escuchen! Para llegar al poblado, había que pasar por el cementerio. Créanme, esto pasó y no hay duda de ello. Estaban los muy ladinos, llegando a los portales del campo santo y las ánimas les salieron todas juntas cortándoles el camino. Los malhechores, espantados, pegaron la vuelta y nunca más se acercaron a Cascabel. Las ánimas protegieron a Terencio Sandoval, por su habilidad para jugar al fútbol, por trabajador, por sombría generosidad y por ser buena persona. Demás está decirle que ganamos cómodos esa semifinal y que Terencio hizo cinco goles de local, ganamos cinco a cero; de visitante hizo dos y ganamos tres a cero. Los pastos de las canchas deseaban que el Terencio los pisara ¡Qué prestancia! ¡Qué jugador! Durante los noventa minutos que duraba el partido, los mosquitos dejaban de picar. Los pájaros bajaban al alambrado de la cancha, posándose sin emitir el menor sonido ¡Y la gente! ¡Cuánta gente! Llegó entonces la final, el Terencio hizo maravillas con la pelota. Salvó nuestro arco en dos oportunidades y marcó cuatro goles en el arco contrario. Ganamos cuatro a uno como locales.
-En la revancha, íbamos de visitante. Empieza el partido. Al Terencio lo marcan cuatro rivales, a veces cinco, no lo podían parar, tiraba centros desde los costados que él mismo cabeceaba, si le habré visto hacer goles de esa manera.
-Me cuesta creerle Don Severino ¿En serio tiraba centro que él mismo cabeceaba?
-Míreme a los ojos, cumpa Arnaldo, y véame si le miento.
-¡Ay, la pucha! ¡No, qué me va a estar mintiendo! No veo en sus ojos mentira alguna. Discúlpeme usted y continúe.
-Se agradece Arnaldo; pasa que el Terencio sabía hacer estas cosas increíbles. Por eso no hace falta que me pida disculpas.
Sigo entonces mi relato.
-En ese partido, el Terencio tomaba la pelota y taquito para allá, amague para acá, esquivando jugadores y patadones. El mismo comisario de aquel pueblo de esos pagos no quería saber nada de perder el partido, entonces mandó a dos vigilantes adentro de la cancha para defenderlo y llevarlo preso. El referí se hizo el desentendió. ¿Qué hizo Terencio? Tomó la pelota en la puerta de nuestra área, ochenta y nueve minutos, elude un rival, otro, pasa la pelota a su compañero Eulogio Santos, este se la devuelve, el Terencio elude a otro rival, se acerca al área rival, se acerca al arco contrario, se le abalanza un vigilante con el bastón de goma en la mano, lo elude, al otro le hace un túnel dejándolo desparramado en el piso. Antes de que el Terencio llegue al área rival ¡Entra el comisario! ¡Y se le viene encima tirándole el bastón de goma a las piernas!, el Terencio levanta la pelota, hace jueguitos con el bastón y de rabona lo saca fuera de la cancha; antes de que baje la redonda, la duerme sobre su incomparable pie, le hace un sombrero al comisario, entra al área contraria, le sale el arquero, le amaga a la izquierda, luego a la derecha, el arquero quedó desorientado, el Terencio lo gambetea, Patea al arco y….. ¡Goool….!
Goool…! Gritaron todos en el boliche.
-Ganamos uno a cero ¡Y campeones!
Lo único que pretendía, era hacerme escuchar. Sin embargo, nunca me pagaron tantas copas como ese día.
¡Qué lo parió! ¡Cómo jugaba al fútbol Terencio Sandoval!
Ruben Manzini


PD: Te lo paso al blog como me lo pediste y fijate si hay alguna corrección para hacerle.

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