viernes, 21 de noviembre de 2014

Recuerdos

por Mabel Conrat

Eran los sábados a la tarde cuando nos juntábamos los chicos del barrio... los varones a jugar al fútbol, al aro, el karting con ruedas de rulemanes, los paseos en bicicleta por el barrio, o las carreras  en el velódromo del barrio, que, los chicos,   agazapados trepaban el paredón cuando no había carreras profesionales de bicicletas o karting… Las chicas; a la rayuela, payana, la soga… a la casita! o lo que se nos ocurriera al momento… como también, organizábamos juegos compartidos.

               Recuerdo a mi hermano Ricardo, calzándose los botines y junto a sus amigos, planificando el partido que iban a jugar en el potrero, que era el lugar de encuentro. Preparaban el arco, improvisado,  dos ramas simplemente. No siempre los equipos eran  parejos, alguno faltaba a la cita, no importaba… Comenzaban el partido.  No había hinchadas, salvo  algún pibe por ahí.  Gritos, cuantas discusiones se escuchaban en torno al partido, ¡dame la pelota!, ¡pásamela!, ¡pásala!…… las discusiones con el “rival”, irreproducibles…..cuando no, algún castañazo…, no pasaba de ahí. Jugaban hasta que la pelota nº 5 de cuero se reventaba…y, ahí, iba mi hermano, a coserla, gajo por gajo costura por costura con la aguja curva e hilo engrasado para que  deslizara mejor, embadurnándo la pelota con grasa para que no se resquebraje el cuero, tenían que continuar jugando, durara el mayor tiempo posible…., que no se termine el  juego,  la pelota tenía que resistir para el próximo partido….como también los botines, el conjunto tenía que estar impecable. Terminado el partido; sucios, cansados, alguna rodilla rota…., se reunían para discutir sobre el resultado obtenido…., como se había jugado, si se dieron los pases adecuados y así continuaba la discusión entrada la noche, hasta que mamá con un grito nos llamaba, porque había  que entrar,  ya era tarde…….a bañarse y a cenar, mirar un rato televisión y rendidos, a descansar.

               Con la chicas; Lucinda, Elisa, Miriam y otras más, jugábamos a las escondidas, saltar la soga, cantos, recreábamos  la casita de nuestros sueños, (lo que en otros tiempos habías sido un gallinero techado), jugábamos a la mamá o el rol que nos tocara…., ¡cuanta dedicación le poníamos a esas tarde!, preparábamos la leche con torta incluida, que nos preparaba mi mamá, era el encuentro más esperado….,cuantas  historias nos armábamos…., los hijos inventados, los viajes realizados, cuantas historias de vida familia imaginadas.  Y, si jugábamos a la maestra reproducíamos lo vivido en nuestros días de clases….como también  a la peluquera, esos  peinados “batidos” que nos hacíamos que estaban  tan de moda en esos tiempos. Y así pasábamos tardes enteras compartiendo, creando, entretenidos en un ambiente sano, al aire  libre: simplemente jugando.

               Y no olvidarme de  mi hermano más chiquito, Horacio, con la recomendación de mamá que lo cuidemos…., “si le pasa algo, van a ver”. Nuestro perro Boby corriendo entre los chicos….. El triste  recuerdo del fallecimiento de nuestra amiga Lucinda,  en un accidente; cuanta tristeza….,  primer encuentro con la muerte.

               Tantos recuerdos, pero con la dicha de haber vivido una infancia llena de momentos imborrables,  hermosa y no tanto, y con la certeza de que fueron años de sentimiento puros, inocentes, simples.

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