jueves, 31 de mayo de 2012

Bonifacio

por Nora Iliana Moreno

No saben lo que me pasó hace un mes. Era pasada la medianoche cuando me fui al dormitorio. Ya se encontraba en mi cama mi vieja gata Mancha, su nombre se debe a que su cara es blanca con la nariz negra.
Bueno, como les contaba me fui a acostar y apague la luz. No sé cuánto tiempo transcurrió porque dormía profundamente cuando Mancha lanzo un aullido, con la luz que entraba por la ventana la vi parada en sus cuatro patas con el cuerpo arqueado de tal forma que casi duplicaba su altura, los pelos parados parecían púas y los ojos redondos y rojos brillaban en la oscuridad, mientras miraba hacia el pasillo. Yo hice lo mismo y así fue que vi una pelota luminosa de pelos blancos y negros que pasaba.
Prendí la luz, me levante y fui a recorrer toda mi casa. No había nada anormal, salvo los murmullos, risitas y por supuesto algunas travesuras de los fantasmas que habitan mi hogar y que se divierten cambiando algunas cosas de lugar.
Volví a mi dormitorio, la gata seguía igual, tensa, parecía una estatua, me quede pensando que la podía haber asustado ya que ella nació en esta casa y esta acostumbrada a los aquelarres nocturnos, aunque esa noche un poco mas jocoso que de costumbre.
Por fin adiviné qué había ocurrido, Bonifacio, el perro que me regalo mi marido cuando éramos novios y que había muerto hacía mas de treinta años lejos de casa, había vuelto al hogar. Vaya a saber por qué caminos habrá andado pero ahora por fin regresó y Mancha ya no se asusta  

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