Por Virginia Amado
Paso a diario.
Con sólo doblar la esquina se ve el espacio recreativo.
Paso a diario.
Con sólo doblar la esquina se ve el espacio recreativo.
Un boulevard y unas farolas entre los árboles añosos conducen hasta la plaza que es Centro Cultural.
La fuente con chorros de agua, los mástiles con banderas, monumentos cerca de los cuales en la cotidianeidad, la gente pasa distraída.
Toboganes, sube y bajas, hamacas, caños de colores hacen la delicia de tantos niños que la transitan llenándola de risas estridentes y algún llanto de berrinche.
Perros de todo tamaño y pelaje....solos y en compañía, paseados.
Abuelos con nietos en triciclo, o con monopatines....y otros en busca del trencito que trae la campana de la alegría que todos se disputan.
Algunas parejas declarándose su amor. Me detengo a mirarlos con el recuerdo de mi adolescencia;otras arreglando algún exabrupto o faltas de compatibilidad mientras caminan agitados en la rutina diaria.
Familias con sus reposeras al sol, con la excusa de unos mates para disfrutar del aire libre.
Los globos, los pochoclos y las manzanitas azucaradas llenan el espacio de un olor dulzón inconfundible.
Adolescentes que dejan sus libros en el pasto, ahí al descuido mientras juegan un partidito con la pelota hecha de papel.
Son días de la vida puesta a andar.
Mucha gente la ha convertido en un lugar de privilegio para la actividad física.
Las ferias de algunos domingos , tanta creatividad de artesanos, la muestran como un abanico de colores.
Hay tantos otros que encontraron el piso ideal para su entrenamiento de patines y patinetas, grandes y chicos.
La confitería y sus mesas con toda la bohemia de un bar de los que atraen.
Salones de conferencias, proyecciones y eventos que son digno de admirar, al igual que su patio con olor a azahares y su escenario partícipe de tanta música y literatura a la luz de la luna o expresiones plásticas con sol.
Desde hace un tiempo, la plaza cuenta con unos monumentos pequeños, son varios, bajos, algunos con fotografías y otros en blanco.....no muestran a nadie más que a esos desconocidos tan conocidos en nuestros corazones aún sin el nombre explícito.
Los han escrito,los cuidan poco, típico de una sociedad que cumple con erigir un monumento y ya quedó....ahí está y nadie más los conserva.Por suerte no son todos.
No siempre ha sido este florecer de vida.
Me pregunto cuánto mandar y obedecer , cuánto fusil, cuánta muerte y cuánta decisión inútil guardan esos muros .
Cuánto dolor, cuánta indiferencia, cuánta inestabilidad y temor se cuelan por esos ladrillos del casino de oficiales, de los distintos lugares del regimiento de un tiempo al que resulta hasta difícil remontarse.
Un tiempo que los jóvenes de hoy revalorizan tras la palabra de sus mayores y es un buen pretexto para unir generaciones dando crédito a la palabra adulta.
Un portón de rejas que enreda en sus barrotes un pedazo de historia, objetos, flores de homenaje que evidencian el dolor de las familias .Cuántos gritos y susurros de impotencia, por dentro y por fuera.
¿Qué secretos que nunca sabremos hay en el empedrado? ¿Qué oculto transitar guardan esos túneles misteriosos que la cruzan subterráneos?¿Cuántos momentos de incertidumbre antes de partir de soldados? ¿Dónde estarán escondidos los pedidos de súplica de padres?¿Qué misterio hay detrás de los fusilamientos?
¿Cómo olvidar los vecinos de alrededor la caravana de gente, de familiares esperando y sintiendo."-¿será el mío el que regresa? " -"¿estuviste con él, lo viste? Muchás lágrimas que el paso del tiermpo logra transformar en risas y en memoria.
Un qué pasó que quedará en el imaginario popular, y quienes lo padecieron, dejando partes de sí en sus compañeros que han partido en aquella tierra lejana que nos arrebatan cada día, rearmándose en el devenir del tiempo, han decidido decir muy poco, dando lugar a rompecabezas armados desde el miedo, la dignidad, la indignación y el amor a la Patria.
Hoy caminamos en un lugar de paz. Que ha cambiado hacia el bienestar y la familia, donde lo cultural se tiñe de historia.
Un pedacito de país, un trocito de identidad, entre las alas de una paloma, el fuego encendido de un monumento , pabellón nacional y provincial flameando entre tanta palmera, tanta variedad de árboles, causalmente las torres de la Catedral de marco y lo más importante, sin olvido, sin resignación, con valores y convencidos.
La plaza Islas Malvinas, de lo oscuro, de la rigidez , a un hito en la historia argentina en un lugar emblemático que aún nos reúne y nos deja pensando.
Desde el dolor y desde el amor.
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