martes, 12 de junio de 2012

Pedrito: el Loro exiliado


por Ana María Carballo

Lincoln, Provincia de Buenos Aires, mediados del año 1955. El novio de una de las hijas de la familia Suárez llego con un loro a dicho pueblo. Pedrito  un loro de vivos colores. La familia se sorprendió por el regalo, pero el novio residente en la ciudad de Buenos Aires, explico que en realidad buscaba un refugio para el loro porque cantaba en forma estridente la “Marcha Peronista” y por los tiempos políticos imperantes no era seguro que permaneciera en la gran ciudad.
Pasó el tiempo y el loro fue un miembro más de la familia, deleitando con su verborragia a cuanto familiar o amigo se le acercara.
En forma casi inmediata comprendió y conoció las actividades y costumbres del grupo familiar, así oficiaba de llamador cuando llegaba algún dependiente a traer mercadería de la almacén de ramos generales,  se asomaba un vecino a dar los buenos días, o la pequeña de la familia,  que aprovechaba la distracción de su madre haciendo las tareas de la casa, y escapaba a jugar con una amiga, ante lo cual el loro gritaba ¡“Sara se te va la nena”! ¡“Sara se te va la nena”!.
 Su carácter anárquico hizo que lo ataran a una pequeña cadenita sujeta a un árbol en el jardín de la casa. Diariamente bajaba de las ramas de dicho árbol para robar la comida del perro que se llamaba Porteño, por lo compadrito.
Pero lo que mas asombraba a la gente era  la indeclinable  convicción política del loro, a pesar de las proscripciones del momento, su valentía hacia que cantara la marcha apasionadamente en cuanto se lo pedían.
Su extracción política se manifestaba en muchas actitudes, tenia un corazón proletario, así un día llego al pueblo de visita  una prima  de la capital, muy elegante, luciendo ropa muy fina y con un típico aire burgués, paso la tarde con la familia Suárez y antes de irse quisieron mostrarle el loro, ella muy solicita le dice:- a ver Pedrito decime  algo  y sin demora y con un aire despectivo el loro replico ¡Pelotuda!.
Así el loro acompaño con su dichos los años juveniles de los hijos de la familia, aprendió nuevas frases, cantó viejos tangos, silbaba la zamba “Angélica” y deleitaba a los curiosos, hasta que un día desapareció. Su desaparición origino muchos comentarios en el pueblo: cuestiones políticas, un cautiverio forzado, ansias de libertad, la búsqueda de nuevos auditorios, en fin, paso el tiempo y su historia aun es motivo de recuerdos.

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